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Y del decoro qué

Se reúnen en La Habana los médicos y los jóvenes comunistas. Por supuesto las declaraciones de los participantes en ambas reuniones son de fidelidad a la revolución y al socialismo. En el caso de los médicos, hacen hincapié en el internacionalismo, única posibilidad que tienen los trabajadores de este sector de mejorar el escaso salario que devengan, aunque lo hagan en calidad de fuerza esclava. A la vez pueden por esta vía traer la conocida pacotilla para mejorar las condiciones de la vivienda y hasta resolver el ajuar para los quince de la hija dejada atrás.

Los jóvenes comunistas, por su parte, demostrando lo poco que conocen de la irreligiosidad del marxismo leninismo, “la religión es el opio de los pueblos”, hacen gala de pulseras y otros atributos protectores de las deidades africanas. Si Lenin y Marx resucitaran y vieran a esos pichones de comunistas adorando los dioses de sus ancestros sin ningún sonrojo, exclamarían escandalizados, – “¡Proletarios! ¿Dónde está su fe? ¿No recuerdan aquello de “ni César, ni burgués, ni Dios? “

La pura verdad es que ni los médicos son altruistas, ni el gobierno que los manda es desinteresado pues de una manera u otra les cobra la solidaridad a los gobiernos receptores, a la OMS y a la OPS, ni los jóvenes comunistas son comunistas sino representantes de la hipocresía y la ¿doble moral? imperante en la isla.

Miles de jóvenes comunistas y médicos andan desperdigados por el planeta porque de tan internacionalistas que son se niegan a regresar al suelo patrio y prefieren ir a comprobar por si mismos si el capitalismo es tan malo como dicen por acá.

Los únicos cubanos que muestran un solo rostro son los opositores a la dictadura. Los botan del trabajo y de las universidades, son mal vistos por familiares y vecinos, sus teléfonos son intervenidos ilegalmente, vigilados por la policía política en las calles, centros comerciales y   hospitales, amenazados en sus propias casas y penetrados en sus organizaciones para dividirlos y descalificarlos. Aun así, son los únicos cubanos con valor suficiente para decir lo que piensan del gobierno a riesgo de ir a prisión o sufrir un sospechoso accidente automovilístico.

La falta de libertad ya crónica en nuestra patria ha convertido a los cubanos en expertos de la simulación con un gran déficit de decoro ciudadano. Si Raúl Castro declara tozuda y anti dialécticamente que el sistema socialista es inamovible, un gran coro de eunucos alza sus voces para alabarlo, aunque no sepan a ciencia cierta qué demonios es el socialismo, pues en realidad ninguno de los ensayos practicados hasta ahora ha llevado a ninguna parte y el que se avecina es exactamente igual a los anteriores con el mismo guion, los mismos actores y el mismo escenario.

Del único modo que hoy un cubano puede sentirse digno es oponiéndose abiertamente a la dictadura que de manera tan descarada se ha entronizado sobre el destino de la patria. No es un problema con los Estados Unidos o de los Estados Unidos, este es un problema de los cubanos con el gobierno comunista que ha pervertido los valores ciudadanos.

Fingir que todo está bien solo para no coincidir con las opiniones de supuestos enemigos fabricados por los castro comunista, o creer que darles otra oportunidad, una más, a los campeones de las empresas fracasadas, resolverá los problemas que asolan al país, es ser estúpido y cobarde por propia voluntad.

 

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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