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1 de mayo en Cuba

Decir primero de mayo en Cuba es, a la luz pública internacional, una muestra de celebración del proletariado cubano. La prensa nacional, sesgada por las influencias de los órganos de control político diseminados en cada uno de los establecimientos laborales del país, no hace otra cosa que alabar la fecha como una señal de júbilo y de alegría de cada trabajador. Pero, caben hacerse algunas interrogantes: ¿qué motiva a los trabajadores cubanos a celebrar la fecha, sabiendo que el 98,8% aproximadamente de ellos no percibe una remuneración adecuada por la labor que realizan? ¿Cómo es posible entender que cada trabajador celebre falazmente una fecha que contrariamente significa todo lo contrario a lo que dignamente aún no se le reconoce? ¿Qué sentido tiene festejar por lo que no se ha logrado alcanzar? Estas y muchas otras interrogantes me han conducido a elaborar esta pequeña nota reflexiva en uno de mis blogs de este mes.

Irónicamente, lo que puede responder a estas preguntas, desde mi parecer personal de analista de la vida cotidiana como psicólogo que soy, es la propia idiosincrasia con la que ha sido formado históricamente el ciudadano cubano. Ello quiere decir, según observaciones empíricas que he realizado para dar respuesta a este fenómeno social; que el cubano, haciendo uso de mecanismos de defensa ante las adversidades que los rodea constantemente, prefiere reírse y festejar antes que ser abatido por el desespero y la desesperanza. Ha aprendido, para mal, a ser conformista con lo que no tiene y en su lugar, espera que se generen las más mínimas oportunidades de celebración para apartarse de los problemas.

Si trasladamos la hipótesis anterior a lo que sucede en las celebraciones del Día Internacional de los Trabajadores, y que el gobierno de Cuba se ha encargado de vender como festejo de la masa trabajadora, en detrimento de los verdaderos motivos que los conducen a ello, y que no les conviene que sea interpretado como tal, es que ocurren estas cosas. Sumado a ello, los científicos de las ciencias sociales que están trabajando con el gobierno, ya sea porque les gusta o porque temen a una reacción que los separe de sus funciones; han alertado de estas cuestiones y le han sacado provecho a su favor. No por gusto, cuando hay un acto político y de masas populares, como acostumbran a decir, ponen al Ministerio de Cultura y Ministerio de Comercio Interior a correr para que una vez se termine la parte política, se despliegue todo un arsenal de aseguramientos gastronómicos, culturales, recreativos, musicales, etc., que atraigan al público a los lugares de interés que el estado tiene en ese preciso momento.

En otras palabras, no podemos permitir que se tape el sol con un dedo, como dice un refrán popular en mi Cuba querida. Los cubanos, la mayoría de las veces que es convoca a actos de reafirmación revolucionaria, no participa porque este convencido conscientemente de lo que siente en su corazón; muchas veces asiste para separarse de sus aflicciones, aprovechando su don de guarachero y de buen amigo. Desconecta en esos lugares de sus preocupaciones y perturbaciones; conversa y hace catarsis con sus amigos, y disfruta del momento, aunque sepa que luego tiene que retornar a la misma rutina. En fin, para apartarse, aunque sea por unas horas de las cuestiones más hostiles y desagradables de sus vidas. Exhorto a que pensemos en esto que digo, para que saquen conclusiones individuales al respecto.

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Licenciado en Psicología General. Egresado de la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba en 2014. Joven de Granma, miembro de Juventud Activa Cuba Unida (Jacu), pertenece al equipo de formadores y en la organización es responsable de investigación.

ivanrene41287@gmail.com

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