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El muro de mi frontera

La izquierda y la derecha, ecologistas y feministas, liberales y socialistas, todos alzan sus voces contra Donald Trump, actual  Presidente de los Estados Unidos de América. Lo más criticado, el controvertido muro en la frontera sur y la prohibición de entrada a la Unión de personas procedentes de ciertos países de mayoría musulmana.

Lo de proteger sus fronteras e impedir que entren al país ciudadanos extranjeros de manera ilegal es un derecho y un deber que tiene cualquier gobernante, ya sean estos inmigrantes personas decentes en busca de trabajo o narcotraficantes, las leyes migratorias de todos los países tienen ese asunto bien definido, nadie tiene derecho a traspasar las fronteras ajenas sin autorización.

Pero tratándose de Estados Unidos las cosas no se miden con la misma vara. Ese es el país más odiado y a la vez el más deseado de todos los países, donde una gran parte de los proletarios del mundo quieren ser explotados, el país condenado por los musulmanes, terroristas o no, al que muchos de ellos coinciden en calificar como el enemigo # 1 del Islam, pero a la vez, arman la gran algarabía cuando se les anuncia que su entrada al reino de Satán ya no será tan fácil.

Es cierto que no todos los musulmanes son terroristas, es más, me atrevo a asegurar que solo una minoría insignificante lo son, pero es que precisamente la mayor parte de los terroristas que hoy asoman la cabeza en este mundo acosado por las bombas, es por desgracia, un musulmán, y al grito de -¡Alá es grande!, se destripan alegremente mientras acaban con la vida de una multitud de inocentes.

El nuevo ocupante de la Casa Blanca podrá ser antipático y hasta estar equivocado, pero al mismo tiempo, hay personajes por acá que impiden a los cubanos regresar a su propio país cuando lo deseen, los deportan por sus ideas políticas y les cobran por el derecho de regresar a su patria, cuando se les permite hacerlo. Muchos de los que en América Latina escandalizan en contra del muro de Trump, pedían a los gobernantes norteamericanos que impidieran el flujo indefendible de cubanos hacia esa  frontera.

Estos mismos personajes se alegraron cuando Obama eliminó por decreto las ventajas que disfrutaban los migrantes cubanos que llegaban al territorio norteamericano de manera ilegal –Pies Secos – Pies Mojados-, pero llaman criminal al muro fronterizo que impediría la entrada de inmigrantes no solo mexicanos, sino de todas partes del mundo que aprovechan esa posibilidad.

Haciendo un poco de historia, el gobierno cubano jamás emitió una queja sobre el muro que los  comunistas  levantaron en Berlín para impedir la fuga de los berlineses socialistas hacia  la libertad, sin embargo, se opone a este otro para que pase el que quiera, pero no los cubanos.

En cuanto a la entrada al territorio nacional, hace unos días fueron impedidos de participar en un evento al que estaban invitados por una organización de la sociedad civil, el señor Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Felipe Calderón, ex Presidente de México, y  Mariana Aylwin, hija del ex Presidente chileno Patricio Aylwin.

Eso de predicar moral en calzoncillos es muy propio del gobierno de La Habana, el cual interpreta a su antojo lo que son los derechos y las libertades según sus intereses del momento. Mientras los altos dirigentes del partido comunista cubano se reúnen sin problemas con sus homólogos de izquierda en cualquier país democrático, Cuba solo puede ser visitada por comunistas o capitalistas hipócritas venidos de cualquier parte, aunque dadas las circunstancias, si vienen de Estados Unidos mejor.

El hecho de impedir a los ciudadanos de varios países de mayoría musulmana entrar a los Estados Unidos se considera un acto discriminatorio y antidemocrático, ¿cómo entonces se considera que los cubanos no puedan regresar a su propio país sin previa autorización de las autoridades de la Isla o que los visitantes extranjeros que no profesan las mismas ideas políticas sean impedidos de viajar a La Habana?

La discriminación tiene muchas variantes, y Cuba se suma al coro en defensa de los musulmanes rechazados, que no lo son por su religión, sino por los antecedentes criminales con que ese grupo social se ha etiquetado gracias a que los fanáticos de esa fe se adueñaron del islamismo para sus propios fines homicidas. Quizás la razón de esta solidaridad se deba a que después de todo, el comunismo no es más que otra religión  fundamentalista.

hchaviano5@gmail.com

puchochaviano@hotmail.com

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

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