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Amigos de la crisis

La historia demuestra que las designaciones de sociedad siempre utilizan términos que describen la producción de riquezas. La sociedad agrícola asociaba su riqueza a la posesión de la tierra. Lo mismo pasó con la sociedad industrial, en la que la riqueza la generaban los productos y servicios que se elaboraban en la industria. Es posible además distinguir otros tipos de sociedades que las ha creado la cotidianidad, tales como:

La sociedad de la tradición oral: La información fluye de manera oral. Los cambios que sufre son muy pocos a través del tiempo. Los mayores les enseñan a los más jóvenes la religión, los valores, las costumbres y la forma de realizar las actividades cotidianas, pues <<así siempre se ha hecho>>.

La sociedad de las élites privilegiadas: Con la escritura aparece la posibilidad de registrar información, aunque hay una serie de restricciones para elaborarlos, poseerlos y tener acceso a ellos. Es decir, solo las élites privilegiadas, los altos mandos, los sacerdotes, los sabios tienen el derecho a acceder a la información y la obligación de transmitir al pueblo <<lo que deben saber>>.

La sociedad del documento impreso: Esta sociedad surge gracias a la creación de la imprenta. En esta el documento impreso se reconoce como fuente de información principal. Es el medio por excelencia empleado para transmitir y guardar información. Llega a tener una fuerza tal que se llega a cuestionar la validez de la información, si no está impreso <<debes traerlo impreso>>.

Cuando un país arrastra durante años la combinación de, <<así siempre se ha hecho>>, <<esto es lo que ustedes deben saber>> y <<debes traerlo impreso>>, se establece un clima de inmovilidad, burocracia y sumisión en la que se ven inmersas las personas que lo habitan.  Estas directrices fomentan la restricción, el control y los trámites excesivos que más que resolver problemas al pueblo, los ahoga. A quién sí les resuelve un problema evidentemente es a las élites responsables dictar las leyes, pues los dota de un fácil gobierno, aunque no democrático ni socialista.

Es así entonces, cuando tanto élites como plebeyos se vuelven amigos de la crisis, pues unos se sienten cómodos en sus posiciones supremas exigiendo tolerancia mediante la intolerancia y otros; aunque insatisfechos, manipulan sus emociones, controlan la razón y se acostumbran porque no les queda otra opción.  En ambos casos se evita la crítica y la generación de cambios, por lo que hasta cierto punto se puede decir que la crisis genera confort.

No tomar partido ante esta situación nos hace cómplices de la crisis. No comprender que se ha producido un cambio de época, depender solo de los procedimientos tradicionales de movilización, sensibilización, puede reducir nuestra capacidad de seducir, de conquistar y de activar masas críticas que actúen en función de su pensamiento. Convertirse en enemigos de la crisis es sin dudas un gran desafío, pero es necesario dar el primer paso. No es necesario ver el camino completo, sólo dando el primer paso el resto irá apareciendo en la medida en que se camine.  Es necesario como dice el presagio chino: “convertir la crisis en oportunidad”.

 

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Joven de Sancti Spíritus. Directora de Programas y Proyectos del Centro de Estudios para el Desarrollo Local. A.C. Egresada de la Universidad de Ciencias Informáticas como Ingeniero en Informática.

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