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Nacer, crecer y partir

Desde que nacemos los padres nos enseñan todo lo que sabemos y en la medida en la que vamos creciendo el medio en el que nos desarrollamos aporta el resto. Cuando naces en un país con un modelo verticalista establecido por directiva, que no permite críticas ni modificaciones y fortalecido durante años, debes aprender rápidamente que tus opciones de pensamiento están acotadas. Crecerás en un medio donde todo lo que hagas, pienses y digas debe estar en total correspondencia con fomentar la “estadolatría” impuesta desde mucho antes de que nacieras.  Creces escuchando frases implantadas en el pensamiento de las personas, tales como:

  • Debes agradecer, pues todo lo que tienes te lo ha dado la Revolución
  • La universidad es sólo para revolucionarios
  • Tienes problemas políticos e ideológicos.
  • Dentro de la Revolución Todo, fuera de la Revolución Nada

Este modelo hace que las personas vivan en un conflicto permanente entre el actuar y el pensar, pues saben que alguna acción crítica no acorde a lo establecido puede incluso violar las leyes y ser penado, castigado o perseguido. Las personas llegan a desarrollar un modelo mental tan poderoso basado en el miedo que no llegan a reflexionar muchas veces que se encuentran presos de conciencia y este estado de contradicción los impulsa a hacer cosas tan discordantes como:

  • Estar 2 horas en una cola y durante su estancia llega la televisión y le pregunta sobre la calidad del servicio del lugar y dicen que todo está perfecto.
  • Aplauden la salud y educación gratuita como única vía de acceso y fomentan de trasmano la privada, mediante la cultura de “El regalito” o llevando a los hijos con “Los repasadores”.
  • La juventud en las escuelas, aparentan conformidad y luego emigran, pues es la única vía posible de escape que visualizan.
  • Durante el horario laboral en los centros de trabajo del estado demuestran querer fanáticamente y luego al llegar a sus casas odian, se quejan, critican y disfrutan filosofar sobre los problemas irresolubles del país.

La buena noticia es que el propio sistema no trae receta de cómo tener éxito, pero sí trae consigo la receta para autodestruirse pues, se va generando una sociedad inconforme y silenciosa. En nombre del socialismo, se piden esfuerzos al pueblo que conllevan al agotamiento y las personas se cansan de escuchar frases como necesitamos “El último esfuerzo decisivo”. Los que sufrieron los peores momentos, porque creyeron, llegan a reflexiones como, lo mío, nunca llegó a ser nuestro, sino totalmente del estado. Además, está demostrado que el propio sistema no es económicamente sustentable en el tiempo y que el fin del mismo es la apertura y descentralización.

La mala noticia es que es un proceso lento y que muchas personas nacen, duran y mueren sin haber sido libre de pensamiento y acción. Lo único que llegan a conocer es un país malogrado y sin esperanzas. Como diría el papa francisco en su visita a Cuba “Un país donde los jóvenes no tienen esperanzas es un país condenado al fracaso.”

Acortemos el camino, el fin está prescrito y es inevitable.

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Joven de Sancti Spíritus. Directora de Programas y Proyectos del Centro de Estudios para el Desarrollo Local. A.C. Egresada de la Universidad de Ciencias Informáticas como Ingeniero en Informática.

cede.programas@gmail.com

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