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Taxi y revoluciòn - HCH

Taxis y revolución

Los taxis no paran y van vacíos, hay que esperar la guagua hasta la hora que sea y después montarse por donde se pueda, llegar al trabajo es una odisea, a un hospital ni hablar, y después que se llega a la casa no quedan deseos ni de bañarse.

Con la reciente activación de los límites a las tarifas de los taxis particulares, el gobierno cubano provocó varios efectos negativos: 1) la reducción de la oferta de dicho servicio del cual hacían uso más de 360 mil personas diariamente, 2) el desempleo de los choferes arrendatarios de los vehículos, al ser desplazados por los dueños de los mismos en busca de minimizar las pérdidas, y, por último, 3) el incremento de la informalidad en ese sector.

La dirección del país no saca experiencias del pasado, insisten una y otra vez en utilizar los mismos mecanismos fallidos para resolver situaciones que requerirían una política más profunda, con el análisis de las verdaderas causas del incremento de los precios de productos y servicios deficitarios.

Cuando hace unas décadas, producto de una crisis de la economía cubana que hizo bajar los niveles de producción y consumo de la población, el Estado decidió implementar los llamados mercados libres campesinos. Con esta medida aumentó de inmediato la oferta de productos alimenticios de producción nacional en los mercados agropecuarios, aunque de forma paralela aumento también la corrupción en las entidades estatales que comenzaron a desviar recursos para participar de los beneficios del mercado.

De esta forma coincidieron dos situaciones que, aunque no eran nuevas, se volvieron socialmente peligrosas; la corrupción de los funcionarios estatales, por un lado, y los precios relativamente elevados de los productos.

Las autoridades del gobierno comenzaron entonces una campaña por todos los medios de difusión para desacreditar el experimento, calificando de bandidos a los campesinos y comerciantes relacionados con la actividad y atribuyendo a estos los altos precios y de paso la corrupción administrativa. El desenlace fue la eliminación de los mercados libres y la estatización de la actividad. Como resultado, los precios lejos de bajar se dispararon por las nubes, y una libra de carne de cerdo que antes costaba cuatro pesos se elevo a veinte y una cabeza de ajos que los llamados bandidos vendían a cincuenta centavos subió a cinco pesos. Al cabo de poco tiempo, las tarimas vacías mostraban el resultado de la fatal decisión de botar el sofá.

Hoy ocurre lo mismo con los taxistas particulares, el gobierno topa los precios y como por arte de magia desaparecen los taxis particulares, los que se ven circular prefieren hacerlo vacíos a la espera de una carrera a domicilio o de extremo a extremo de la ruta. El resultado inmediato es que los ciudadanos ya no tienen que quejarse de lo caro que estaba el transporte en taxis porque ya no los hay. Pero como toda causa trae aparejadas consecuencias, los porteadores sin licencia están haciendo su agüita ante la congestión de las paradas de los escasos ómnibus.

Las leyes del mercado no son un juego, son algo serio que si no se cumple trae consecuencias nunca buenas, en primer lugar, para los consumidores. La campaña anti taxistas que precedió la aciaga medida, fue promovida y alentada por las autoridades locales y del Estado para ganar las simpatías de la población cada vez más disgustada por todas las carencias e incomodidades que padece y a la vez desviar la atención del verdadero culpable, el cual no es otro que el Estado socialista y revolucionario, dueño de los principales medios de transporte y único responsable de ofrecer un servicio de calidad, mantener los equipos, garantizar talleres apropiados, preparar el personal y mejorar el estado de las vías.

En este país que pretenden sea socialista por siempre, la autoridad tiene que asumir la parte que les toca mientras sean los dueños de este disparate, y dejar de meterse con los emprendedores, que milagrosamente logran hacer que se muevan estos artefactos anticuados encargados hasta ahora de transportar cientos de miles de pasajeros, casi una cuarta parte del total.

 

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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