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People await the arrival of the caravan carrying the ashes of Fidel Castro in Las Tunas, Cuba, December 2, 2016. REUTERS/Carlos Barria - RTSUDOC

Saboteadores del desarrollo

Se quedaron Maduro y compañía con las ganas de dinamitar desde adentro el Mercado Común del Sur (Mercosur). Si ya tienen la Alianza Bolivariana (ALBA), que parece más bien un atardecer invernal, ¿a qué viene tanta insistencia por integrarse a un bloque económico que no le es afín?

La explicación puede ser sencilla, los socialistas latinoamericanos se debaten entre el fracaso de las ideas estatistas y el éxito de la economía de mercado, mientras más liberal mejor. Argentina, Brasil y Paraguay sufrieron gobiernos populistas e irresponsables que gastaron más de lo que se producía, se endeudaron y comprometieron el futuro de esos países, Ecuador ya cayó en el remolino y languidece.

Al fin va pasando la fiebre izquierdista que plagó el continente. Se acabó la renta petrolera de Venezuela y cada uno de los miembros del ALBA busca como ponerse a salvo del desastre en que el chavismo sumió la patria de Bolívar. Los discursos son los mismos, pero en la práctica se mantiene el respeto a la propiedad privada y la economía de mercado entre los “albistas” que pretenden seguir a flote.

Al no creer realmente en que el ejemplo de economía estatista de Cuba vaya a funcionar jamás, los gobernantes de izquierda se han abstenido de la intervención masiva del Estado en la economía y no han llegado a ser rojos, más bien se quedaron rosados.

A pesar de los números evidentes, el régimen venezolano tiene trazada la tarea desde La Habana, de dinamitar la economía de mercado liberal desde adentro y al igual que lograron hacerse del poder utilizando los mecanismos de la democracia, pretenden mantener relaciones con el Mercosur con el único objetivo de sabotearlo e impedir el desarrollo de las economías de esos países.

El gobierno de Venezuela respalda las movilizaciones callejeras en Brasil y Argentina que reclaman puestos de trabajo que nunca debieron ser creados, aumentos salariales sin respaldo productivo y pensiones y beneficios públicos insostenibles que solo aumentan la deuda pública, los niveles de inflación y el desempleo. A pesar de lo evidente, el Presidente Nicolás Maduro plantea, muy solemne, que “solo el ALBA puede tomar el camino de un proyecto común de desarrollo económico, de creación de riquezas para nuestros pueblos” (Diario Granma 15-12-16).

Al parecer Maduro quiere convertir el Mercado Común del Sur en una extensión del ALBA y clonar el modelo de Cuba y Venezuela en Argentina, Brasil y Paraguay, pero no les salió bien, Venezuela no ocupó la Presidencia pro témpore del Mercosur y ni siquiera fueron invitados. Así deben cerrarse las puertas al socialismo de cualquier siglo, sin afeminamientos ni falsos escrúpulos.

No hay que conformarse con esperar que la izquierda demuestre sus incapacidades y caiga por su propio peso, hay que impedir que lleguen al poder. Cualquier método debe ser válido para evitar que el populismo socialista eche por tierra la riqueza que el capitalismo crea.

La izquierda no duda en utilizar el socialismo de mercado o cualquier otra forma de disfrazarse, para aparecer simpática a los ojos de los empresarios nacionales e inversores extranjeros. En Bolivia le ha dado resultados a Evo Morales y ya manipula para eternizarse en el poder investido de mesías como si los resultados económicos de su país se debieran a su gestión personal y no a los emprendedores que son los que verdaderamente producen, al margen de la corrupción a la que el gobierno de Morales no escapa, socialista, al fin y al cabo.

Socialismo y libre empresa son tan incompatibles como cristianismo y estalinismo. Venezuela no cabe en los marcos del Mercado Común del Sur como Cuba no cabe en el CARICOM a pesar de la cercanía geográfica y las simpatías personales entre sus líderes.

La aberración económica que constituye el sistema económico y financiero venezolano es en realidad lo que impide su participación efectiva en el MERCOSUR. Los caprichosos y frecuentes cierres de frontera con sus vecinos, las intervenciones del Estado en fábricas, haciendas ganaderas y almacenes, la inflación galopante por una emisión indiscriminada de papel moneda y aumentos salariales festinados, la corrupción administrativa y la baja productividad, son las verdaderas razones del rechazo tajante y ojalá definitivo de los países del bloque a Venezuela.

América Latina se une, pero no al socialismo, quién lo iba a decir hace algunos años que la América tomada por asalto por la izquierda despertaría del letargo impuesto por figuras carismáticas e ineptas.

El bravo pueblo venezolano lanzará el yugo del comunismo como antes lanzó el yugo colonialista. Por desgracia siempre tendremos el peligro de caudillos mesiánicos que tanto sufrimiento traen, la única forma de evitarlos es estar alertas y no dejarlos crecer.

 

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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