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Higiene es salud

Me dirigía a conocer a una persona con la cual había establecido comunicación vía SMS. Debía personarme en su casa pasadas las cuatro de la tarde. Teniendo en cuenta lo complicado del transporte y el intenso calor  parto con una hora de antelación. Suerte.  Junto conmigo a la parada arriban camión, P3 y 69.

A las 3.25 estoy en avenida 26 y 39, en el Nuevo Vedado. ¿Qué hago?  Es muy temprano. A mi lado, un “Di tú”.  Me tomaré una cerveza a largo plazo.

Pido: – ¡Cristal!

-¿Usted es cubano? – Me dice la dependiente- Tenemos….

 Ni recuerdo el nombre que me dice ella. Entonces pienso:…llegar con olor a bebida. Pido una Najita.

En lo que la dependiente-cocinera-moza de limpieza, me atiende, arriban  al lugar tres hombres. Han oído la conversación .Uno la interpela:

– Nosotros somos cubanos y lo que queremos es cerveza Cristal no Presidente, eso es agua sucia dominicana, pero no hay. ¿Por qué?

Se encoge de hombros en un “que yo sé”.

Sigo lamentando las carencias. Por supuesto que no hay vasos, por supuesto que la lata está embarrada, por supuesto que la mesa es un asco al igual que la silla. ¡Qué remedio!  Estoy sudando, y no solo del calor.  De la higiénica  forma a la que nos han  obligado, a pico de lata, comienzo a beber.

 ¡Por supuesto que está tibia!

En Cuba ya nada asombra. La dependienta, toalla al hombro, jabón en mano comienza a enjabonarse. Su relevo había llegado. Mientras manipulaba alimentos no la vi  lavarse las manos. Hasta la cara se asea dentro del local de despacho y elaboración de alimentos.  El agua jabonosa salpica los productos que después serán consumidos. Me paro y observo mientras se peina el inundado cabello. La mirada que me dedica es de, si no te gusta, te vas.

Me encamino al supuesto servicio sanitario. El sudor me corría por la cara. El pequeño local de plástico está cerrado. Me dirijo a la ya aseada dependiente  y le solicito la llave.   Me ignora. Mi mano extendida es una señal de que no voy a ceder.

En amable gesto  deja caer la llave  sobre el mostrador.

¡Servicio sanitario!  Ni pila de agua existía en aquella pestilencia.  Al fondo del área de despacho distingo una posible solución. La abro, ni aire brotaba de ella.

Pienso: ¿En qué otro lugar que no fuera su puesto de trabajo podía lavarse  la dependienta?

Frente por frente está el “Pan de París”. Cruzo a trancos y  distingo, por su chaquetilla roja, a la responsable del aparcamiento. Le preguntó que si había baño. Me responde que ella no sabe nada de eso, que si deseo pregunte adentro.

La dependienta  me dice que el baño está afuera y me tiende la llave a la vez que me comunica que no tiene agua.

Es una muy amable dependiente, debe frisar los cincuenta. La cara que pongo al lamentarme debió indicarle que estaba en apuros.  Me dice, lávate aquí. Me entra al área de fregado, me da un jabón, me  abre la llave y espera a mi lado con una servilleta en la mano. Cuando le voy a dejar algo de propina casi se ofende e intenta devolvérmela diciendo que para nada era necesario.

Le expresé que se merecía eso y mucho más, sobre todo respeto y cariño. Que era un  ejemplo de cómo queremos que se comporten nuestros compatriotas. Salió de detrás del mostrador y me dio un beso en la mejilla. Los ocho o nueve clientes que estaban en ese momento mostraban una amplia sonrisa de aceptación. Salí feliz y con la prueba de que todavía nos podíamos salvar.

Me paro frente a la vivienda objeto de mi salida. Diviso en la sala a una señora de espejuelos tijera en ristre. Pero si ¡es barbera!.

Así que periodista y rapadora, vaya extraña combinación. Luego supe que no se dedicaba a tan noble oficio, sino favor que hacía a su hermano y a algunos amigos.

Agradable y hacendosa persona que sin  conocerme me invitó a su casa y se brindó para ayudarme en mis empeños y me colocó en el camino que estaba buscando.

La mujer al verme a su verja se dirige hacia a mí.

-¿Regina? Soy yo, Pedro.

 Al ella extenderme la mano es que me asalta la incertidumbre.

¿Debía brindarle la mía o…?

El “spot sanitario” que había escuchado por la televisión antes de partir a mi encuentro con  Regina indicaba entre muchas recomendaciones sanitarias las siguientes:

“Lavarse las manos antes y después de ingerir o manipular alimentos, no besar,…ni dar la mano a nadie”

(A mi amiga y tutora la de “lamalaletra”)

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Miembro del Consejo Nacional del movimiento Somos +, bloguero. Ha publicado trabajos en el Diario digital 14ymedio y es escritor del blog del movimiento. Graduado de Técnico Medio en Dirección y Planificación de la Economía.

pednika51@gmail.com

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