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Fidel ha muerto. El castrismo no

Fue anunciada en innumerables ocasiones, esperada por muchos y temida por otros, la muerte de Fidel Castro ya es hoy una realidad, ya nada la puede retrasar, ya nada la puede detener.

Sin embargo, hay algo que puede trascender a su fallecimiento y es el verdadero mal que debe morir: el castrismo, esa obsesión compulsiva que obliga a rendirle pleitesía y sometimiento a las ideas de un ser humano de apellido Castro, cuyo fruto para esta nación no podría contabilizarse si la historia le pudiera pasar la cuenta.

Fidel dejó a familias separadas, madres llorando, hijos perdidos en el estrecho de la Florida, jóvenes migrantes transitando montes y ciudades por todo el mundo, desunión por ideologías políticas, odio, persecución, prisiones, muerte, hipocresía y un país que se hunde cada día más en la miseria material y espiritual.

Fidel intoxicó a los que tenían esperanzas de un mundo mejor en toda Latinoamérica y les infectó con “su comunismo”, intentó dejar para la posteridad su estirpe totalitaria que pretende perpetuarse en el poder, dejó una herida abierta en su lucha contra “el imperialismo yanqui” que aún no es posible cerrar. Habló de los derechos de los pueblos cuando nuestro pueblo vivía y vive sin derechos.

Todo esto es indiscutible, pero ¿Qué hacer entonces ante esta realidad? ¿Hacia dónde mirar? ¿Hacia atrás o hacia adelante? ¿O simplemente nos quedaremos inmóviles, detenidos en el tiempo, en el presente?

Fidel ha muerto, pero el castrismo no.  El pueblo de Cuba no puede vivir marcado por sus ideas, por sus doctrinas, por sus opiniones, por su imagen y sus símbolos que tanto han dividido a nuestra tierra. Vivimos en medio de una experiencia de ruptura social, pero ya él no está para definir las metas ni señalar “el camino” para alcanzarlas.

El padre José Conrado ha dicho hace algún tiempo atrás que “nuestro pueblo agoniza en medio de un desierto cuya agua más escasa es la de la esperanza. Estamos al borde de un precipicio espiritual, mucho más grave y profundo que las carencias materiales que nos agobian y aplastan cotidianamente. El proyecto de sociedad que se nos presentó como la panacea a todos nuestros problemas, como solución para nuestros vicios y realización de nuestros sueños, nos ha llevado a este callejón sin salida, a esta triste condición.”

Esta es una coyuntura decisiva, no dejemos pasar el momento. Es el  momento de la Reconciliación y la Esperanza, basta ya de tanto odio y separación, basta ya de olvidarnos de nuestro ser como nación, como cubanos, como hermanos. Debemos asimilar las diferencias, oír propuestas, descubrir el valor del diálogo como fuente generadora de propuestas. Es necesario que surja entre nosotros el nuevo amanecer y nos encuentre prestos a encontrar soluciones al futuro de la patria que nos pertenece y demanda.

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Miembro del movimiento Somos +, directora del proyecto Academia 10/10 de este movimiento, Máster en Ciencias de la Educación, graduada también de Licenciada en Historia, de Licenciada en Estudios Bíblicos y Teológicos, de Licenciada en Enfermería, de Profesora de Informática y de Técnico de nivel medio en Contabilidad. Escribe artículos de opinión para el blog del movimiento Somos +, así como para otros medios. Es miembro activo de la Mesa de la Unidad de Acción Democrática (MUAD) y participante del proyecto #Otro18.

joannacolumbie@gmail.com

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