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HAB02. LA HABANA (CUBA), 17/06/2015.- Una mujer camina junto a un bicitaxi adornado con una bandera cubana, en La Habana (Cuba) hoy, miércoles 17 de junio de 2015, al cumplirse 6 meses del anuncio del inicio de conversaciones para el restablecimiento de relaciones diplomáticas hecho por los presidentes de Cuba, Raúl Castro y de Estados Unidos, Barak Obama. EFE/Alejandro Ernesto

La mujer afrodescendiente en el mercado laboral

Desde los años 90 del siglo pasado hasta el presente la sociedad cubana ha estado atravesando por varios cambios y transformaciones en el campo económico y social, la política de ajustes y la implementación de políticas de idoneidad en el mercado laboral han tenido consecuencias negativas para un importante sector poblacional tal es el caso de la mujer afrocubana.

La feminización de la pobreza, el aceleramiento de la desigualdad y los prejuicios por el color de la piel han concedido que las mismas no se sientan beneficiadas con la emergencia de nuevas oportunidades en organizaciones productivas como pequeña empresas privadas, cooperativas no agropecuarias o empresas estatales con capital mixto y en especial la industria del turismo y en la tiendas recaudadoras de divisas, donde las mujeres negras y mestizas enfrentan discriminación por el color de la piel.

Muchas veces el alto nivel educacional que posean las mismas no está en sintonía con algunas de las labores que hoy les han sido reservadas en la sociedad cubana actual, es muy escaso ver a una mujer afrodescendiente como empresaria, y está claro debido al prejuicio existente del color de la piel, lo cual limita su participación en labores de liderazgo en una empresa, ya que casi siempre resultan ser poco «atractivas» para aquellos que suelen realizar las elecciones para estos puestos de trabajo,  y si las mismas no presentan un alto nivel educacional pues es mucho más fácil para discriminarlas y soslayarlas para siempre, y  en el mejor de los casos solo garantizarles algún puesto de trabajo como auxiliares de limpieza o vendedoras ambulantes en las calles de la isla.

Esto que hoy explico aquí no es un secreto para ningún cubano, por eso más que dejar aquí redactado en estas pequeñas líneas, las cuales tal vez unos las consideren muy directas, lo importante es reflejar la cruda realidad que presenta la mujer afrodescendiente en Cuba, que a pesar que muchos nieguen la existencias de racismo, aún esto es una de las asignaturas pendientes que tenemos.

Varios testimonios que conservamos de entrevistas realizadas a mujeres afro son prueba fehaciente de lo que hoy decimos, esto es en el mercado de Carlos III en La Habana, uno de los mercados más grandes de Cuba, con una buena presencia de población tanto de adentro como del exterior donde en el mismo como buen comercio pues hay muchas ofertas, pero claro no vamos hablar ahora de todo lo que se puede vender y encontrar en un buen mercado, sino de cómo se representa a la mujer negra y mestiza como la que tiene que realizar las labores de limpieza y de recogida de los desechos sólidos del día  a día, ya que en los otros puestos como vendedoras de las tiendas que están adentro del centro comercial, como económicas y mucho menos pensar que como gerentes, lo cual indica que existe muy poca representatividad de la misma en estos puestos por todo lo que anteriormente dijimos, y estas han accedido a trabajar como personal de limpiezas ya que muchas veces son ellas  las que llevan el peso de la jefatura familiar porque unido a estas situaciones que  presentan  de ser discriminadas por el color de la piel, a la hora de buscar un oficio, lo cual simboliza una fuerte violación del derecho humano de una persona, muchas veces también son discriminadas en sus propios hogares y violentadas por sus esposos, los cuales están sentados en sus hogares esperando que estas lleguen de laborar durante todo un día, para continuar trabajando otra vez como domésticas.

Como dijera la gran filosofa y directora del Instituto GLEDES de la Mujer Negra de Sao Paulo, Brasil, Surelis Carneiro: «Lo que podría ser considerado historias o reminiscencias del periodo colonial permanecen, sin embargo, vivas en el imaginario social y adquieren nuevos ropajes y funciones en un orden social supuestamente democrático que mantiene intactas las relaciones de género según el color o la raza instituidos en el periodo esclavista. Las mujeres negras tuvieron una experiencia histórica diferenciada que el discurso clásico sobre la opresión de la mujer no ha recogido, así como tampoco ha dado cuenta de la diferencia cualitativa que el efecto de la opresión sufrida tuvo y todavía tiene en la identidad femenina de las mujeres».

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Licenciada en Educación, especialidad en Lengua y Literatura Inglesa. Miembro del Instituto Nuevo País y del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Realiza trabajo de campo sobre la mujer rural afrodescendiente, su representación en la economía emergente y la naturaleza particular del racismo y la discriminación.

marthadelatamayo@gmail.com

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