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Desastre antinatural

La humanidad está sujeta a las inclemencias de la naturaleza. Casi ningún rincón del mundo  escapa a las pérdidas humanas y materiales ocasionadas por terremotos, ciclones, tifones, heladas, incendios forestales, tsunamis, inundaciones, sequías y epidemias de todo tipo.

Pero hay fenómenos provocados por el hombre que en no pocas ocasiones pasan inadvertidos por ser cotidianos, a veces parece como si siempre hubieran existido. La humanidad convive con países sometidos a dictaduras, comercia con ellas, son centros de atracción para turistas aburridos, los representantes de estas dictaduras tienen voz y voto en organismos internacionales prestigiosos, se aplauden sus discursos y son felicitados por representantes de democracias.

Contra esta clase de desastre que no es natural, los gobernantes de las naciones libres no han aprendido a protegerse y coquetean imprudentemente con las dictaduras para hacerse simpáticos a los obreros, a las madres solteras y a cualquier otro que muerda el anzuelo del populismo.

Esto no es nuevo, una vez fue nada menos que con Adolfo Hitler, también el soviético Josef Stalin gozó en su momento del  aprecio conveniente de las democracias. Tras un discurso a favor de las mayorías desposeídas, de la paz mundial y del desarrollo, los dictadores ocultan sus verdaderos motivos, su ambición de poder y egocentrismo patológico. Y los demócratas se tragan el cuento o fingen tragárselo mientras los millones de seres sometidos a la pobreza y la represión en aras de la igualdad, son cada vez más  desiguales.

Estas son las víctimas silenciosas de esta catástrofe que no sale en la prensa ni en las declaraciones oficiales de los gobiernos porque las democracias prefieren  hacerse de la vista gorda. A no ser porque la dictadura comunista de Corea del Norte amenaza a cada rato alegremente al mundo con una guerra nuclear, nadie se acordaría de los infelices coreanos que se mueren de hambre y terror mientras dan vivas al líder. Si Cuba no fuera un mercado codiciado por los inversores capitalistas y el foco de las crisis migratorias en el continente, poco interés provocaría en los gobiernos democráticos.

Manifestar y apoyar públicamente que el embargo, bloqueo o como quieran llamarle, es responsable de la pobreza crónica del cubano de la isla, es cínico, cuando las propias leyes cubanas prohíben que los nacionales del país puedan acumular riquezas, comerciar con sus iguales extranjeros o manifestar su desacuerdo con el sistema político o económico vigente. Ese es el verdadero bloqueo, una catástrofe, plaga o cataclismo que ha provocado miles de fusilados y presos políticos, millones de emigrantes incluyendo los miles que nunca llegaron a su destino,  desnutrición, falta de liderazgo, indigencia física y moral, analfabetismo cívico y humillación.

Aunque no aparezca en las estadísticas como un caso humanitario, casi sesenta años de castrismo deberían bastar para considerar a Cuba zona de desastre a pesar de la cortina de humo que constituye la ayuda solidaria brindada por el Estado cubano a otras naciones, la que a fin de cuentas en su mayor parte cobra, y la educación y salud públicas gratuitas que en realidad salen del sudor de los trabajadores y del impuesto al consumo sobre los artículos de primera necesidad vendidos en moneda convertible.

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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