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No es como debería

Con motivo de la celebración del día del LGBTI en Cuba, se desplegaron diversas actividades educativas y culturales  donde se destacó la labor social y el reconocimiento a ese sector ciudadano que siempre fue excluido, y a la institución que lo representa oficialmente en el país. Su comunidad integrada por estudiantes y trabajadores de toda la isla estuvo de fiestas a todo lo largo y ancho de la isla antes y después de la fecha señalada.

En sus presentaciones artísticas estuvieron presentes las distintas manifestaciones, pero las  más destacadas fueron  el canto y el baile de las cuales el público disfrutó en algunos teatros su alta profesionalidad, además de la maestría exhibida en el arte del transformismo.

También se ofrecieron talleres con temas importantes en cuanto a la preservación de la salud  y la convocatoria  a evitar la propagación del SIDA, enfermedad que ha cobrado miles de vidas en el mundo.

La celebración de este día se efectúa todos los años en la sede de la “Asociación  Hermanos Sainz”, ubicada  en el “Pabellón Cuba” de la Rampa capitalina, con la amenización de la comparsa que abre el evento con su bandera multicolor, precedida por la bandera cubana. El desfile es seguido por espectadores de todas las edades que les admiran,  respetan y acogen.

Después del triunfo de la revolución en Cuba,  centenares de personas que integraban ese sector de la ciudadanía fue ferozmente discriminado, llegando a sufrir condenas a trabajo correccional sin cometer delito alguno, fueron señalados como indeseables, violentados, injuriados y maltratados verbal y físicamente. Fueron expulsados sin razón alguna de las escuelas y centros laborales, sólo por ser diferentes en su elección de géneros y exteriorizarlo. A la represión de los homosexuales se sumó la de grupos diversos de la sociedad como los llamados “hippies” a quienes por su denotada  indiferencia al régimen, se les confinó como castigo a las llamadas UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) allá por la década de los años 60, junto a sacerdotes, estudiantes de seminario y rockeros.

Pero a pesar del gran desarrollo tecnológico, intelectual y social que ha alcanzado el mundo, en Cuba estos miembros de la sociedad cubana no siempre son vistos con buenos ojos, por lo que no escapan a los comentarios de vecinos, compañeros de trabajo y de estudio. Siempre aparece alguien que arbitrariamente trata de señalar con el dedo a aquellos que no perjudican a los demás ni transgreden las normas sociales.

Tan es así, que aunque en la actualidad se incluyan sin prejuicios en papeles protagónicos de novelas, series u otros programas televisivos, con  ejemplos reales por su  abnegación y disciplina en sus profesiones u oficios, como buenos hijos, e incluso padres, de alguna manera siempre encuentran  la ocasión de incluir el doble sentido para resaltar de forma burlesca la disconformidad con lo que algunos llaman “desviación”.

Este día de celebración, a pesar de ser instituida la fecha a nivel mundial, coincide con el del campesinado a nivel nacional, no siendo pocos los cuestionamientos y comentarios de  disconformidad al respecto a pesar de los años de reconocimiento de la institución.

Hay casos en que el respeto es disimulado e hipócrita, más cuando la persona no cuenta con el respaldo del Centro Nacional de Educación Sexual, (CENESEX)  y el gobierno de la isla, quienes admiten que esas personas puedan ser sexualmente diferentes, pero “no puedan pensar diferente”.

Como ejemplo tenemos a la pareja de Wendy Iriepa e Ignacio Estrada, quienes asumieron unirse en matrimonio; ella legalmente mujer y él opositor  al régimen, quienes escogieron  un 13 de agosto para efectuar sus nupcias.  Fueron recriminados abiertamente por los representantes del Estado, cuando tomaron esa decisión y pasearon en un carro descapotable vestidos de novios imponiendo no sólo su forma de amar, sino también la de pensar. Hoy, aunque lejos del país que les vio nacer, se encuentran juntos, demostrando al mundo su deseo de vivir tal como son y con el orgullo de ser cubanos. Tuvieron que abandonar la Patria porque aquí no es como debería ser.

Cada año en su desfile, esta vez desde el área aledaña al monumento a “El Maine” en el Malecón habanero, hasta la sede en el Pabellón Cuba que ya se torna reducida para acoger a los participantes, cada vez se unen más personas a compartir, disfrutar y bailar con el ritmo contagioso de la comparsa.

No es justo declararlos “diferentes” cuando bailan una conga como cualquier cubano y están integrados en todas las esferas de la sociedad donde brindan lo mejor de su talento y esfuerzo.

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Periodista Independiente y activista del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Realizó cursos de periodismo en la Universidad Internacional de Florida (FIU).

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