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Emigración, episodio triste

La separación familiar es un evento sentimental que afecta a toda persona cuando los vínculos están bien enraizados, en este caso me refiero a la relación madre, padre, hijos, hermanos. Emigrar tiende a ser una forma de exterminio total que atenta contra los sentimientos  de la raza humana.

No es fácil separarse de seres queridos por causas ajenas a los deseos de aquellos que quedan atrás, porque ello trasfiere desviaciones que provocan caer en el entristecimiento, la depresión y sobre todo la nostalgia por quienes no están, además de  establecer  desorientaciones en la conducta.

En todos los países siempre existió éste fenómeno que tanto afecta la sensibilidad humana, pero en Cuba, a pesar de los años que la población lleva en su práctica, no deja de ser un hecho devastador. Es la huida delirante hacia cualquier otra parte del mundo.

Las carencias de alimentos esenciales, la falta de libertad de expresión, la imposición de penalidades injustas por parte del gobierno, los bajos salarios y en general la situación económica existente que cada vez retrocede más con la implantación y modificación de estándares que  a lo largo de más de cinco décadas no han dado resultados, empuja a los ciudadanos a buscar fuera de la isla otros modelos de vida, no importa cómo sean ni hacia dónde, ni el riesgo que se corra, aunque esté en juego el de perder la vida, siempre impera la decisión concluyente de lanzarse en busca de nuevos horizontes para lograr  la mejoría estable personal y del resto de la estirpe.

En los años ochenta los cubanos conocimos de experiencias muy enmarañadas como la de expulsar del país, contrario a sus deseos, a reclusos (hombres y mujeres) que cumplían condenas por delitos cometidos. Ello no deja de ser una violación del derecho que tiene cada cuál de vivir donde desee y de no separarse de sus descendientes.

Recuerdo el caso de una joven mujer que había sido acusada de robo en el banco de la Calzada de 10 de octubre y Calzada de Luyanó donde trabajaba, y a la que impusieron una alta condena teniendo bajo su protección a dos hijos pequeños y una madre enferma, ella en todo momento se declaró inocente de los cargos. Pero sin tener en cuenta la magnitud de los daños que le ocasionarían, las autoridades decidieron sumarla a los cientos  de reclusos que serían deportados incluidos en el éxodo que salía hacia los Estados Unidos por vía Mariel. Casi quince años después se repitió otro robo en el mismo lugar y de la misma manera, lo que demostró que en realidad la expatriada era inocente.

También no olvido el caso de un señor llamado Orestes que vivía en Párraga y se encontraba en prisión preventiva por un delito de tránsito hasta celebrarse el juicio, a quien hacía pocos meses le había nacido su primer hijo. Sin su consentimiento lo subieron a una lancha con destino a Miami.

En ambos casos hubo serias violaciones a los derechos de las personas, conminadas a abandonar su patria y familia integrada por hijos menores.

Los derechos de los ciudadanos están sujetos hasta en lo más mínimo a  disposiciones, resoluciones o regulaciones emitidos por  el estado y gobierno. Por ello se incrementa  en altos porcentaje las salidas legales e ilegales del país. Muchos han perecido en el intento dejando una amplia estela de tristeza y anhelos truncados.

La deserción de médicos, deportistas y personal calificado que sale por programas de colaboración es alarmante; eso no es más que la muestra del proceso de asfixia que atraviesa el país. Es raro conocer una familia donde  como mínimo, no tengan dos de sus integrantes  en el exilio.

Muchos opinan que es preferible perecer en el intento, que vivir bajo un yugo desesperanzador para el desarrollo de las nuevas generaciones  a los que se ven en el deber de rescatar llevándolos a otras latitudes.

Este tipo de emigración, no es la planificada con tiempo donde se pueden estudiar las posibilidades de la decisión y en que la persona se prepara profesional y sentimentalmente, sino que es la que se crea con urgente desesperación para poner fin a las circunstancias que impiden un modelo de vida más grato.

De cualquier forma que la persona configure su abandono del país, lo hace con dolor por los parientes que deja sumidos en la extrema penuria. Madres que dejan hijos de cualquier edad, hijos que dejan padres, hermanos que se separan, matrimonios que se rompen y hasta vecinos que llegan a ser parte de la familia, cuando llega este momento pasan a desarrollar sentimientos que los acompañarán de por vida. Porque aunque en un futuro logren la reunificación, siempre habrá alguien que ya no estará y quedará ese dolor.

De alguna manera, que debe ser pacífica, los cubanos debemos lograr poner fin a todas las arbitrariedades que nos empujan a contemplar como única solución  la salida del país para resolver las situaciones.

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Periodista Independiente y activista del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Realizó cursos de periodismo en la Universidad Internacional de Florida (FIU).

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