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1 de mayo

Desfilan los cubanos apoyando al gobierno una vez más

Cuando en toda Latinoamérica y el resto del mundo el 1 de mayo, millones de trabajadores exigen y demandan sus derechos por mejoras salariales y en contra de los despidos laborales, los cubanos lo hacen previo aviso de los medios informativos para apoyar al gobierno “por los logros alcanzados” y acuerdos que no exponen del más reciente congreso comunista.

Cada cual repite el eslogan que más le guste o mejor de recordar, es muy simple. Dan loas al ex gobernante y al actual con fervor ante las cámaras de la televisión cubana, solamente comparable con Corea del Norte, para garantizar su tranquilidad.

La salud y la educación “gratuitas” constituyen las únicas cartas de presentación del gobierno en materia de derechos humanos; pero todos saben los lastres que presentan ambas áreas y que atentan contra nosotros solamente. Mientras los dirigentes del gobierno, familiares y amistades se atienden en hospitales bien equipados y con los mejores médicos, ejemplo de ello son el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) y el Hospital Cira García, los del pueblo carecen de especialistas por encontrarse en misiones internacionalistas y se hallan deteriorados en su mayoría. “Voy a sacar un pasaje para Venezuela o Brasil  para ver si me atienden” es una de las expresiones más comunes dentro de las instituciones de salud o algún que otro vecino inconforme respecto a los Consultorios Médicos de la Familia que carecen hasta de la elemental receta médica. También existen centros de turismo internacional de salud que recaudan divisas para el país, La Pradera es uno de ellos y se encuentra en el opulento reparto Siboney, a escasa distancia de las residencias de los cabecillas del país.

Resulta incoherente que el gobierno halague el sistema educativo de la nación, mientras los hijos y nietos de los altos dirigentes van a estudiar en becas al extranjero. En los centros estudiantiles los profesores lucran con los exámenes y aprueban alumnos sin el mínimo conocimiento de las materias. Las universidades expulsan estudiantes por pensar por sí mismos y son considerados contrarrevolucionarios.

A pesar de la calma con que se implementan los acuerdos partidistas, (65 de 313 en un quinquenio) “casualmente” días antes del desfile le hicieron ínfimas rebajas de precios a algunos productos comestibles. Manipular a su antojo al pueblo es una estrategia de gobierno añeja y estudiada cual tablero de ajedrez. En algunos casos no resulta necesario hacerlo, muchos optan por auto flagelarse y participar dócilmente. Recientemente dijo una doctora al referirse al desfile “tengo que ir, yo voy a cumplir misión y tú sabes cómo es eso”. De la misma manera pero con otros “incentivos” miles y miles deciden desfilar ese día legitimando un gobierno aplastante y extorsionador de voluntades.

Todos los años para esta fecha acuden delegaciones con simpatizantes del régimen cubano procedentes de varios países que se quedan encantados con la obra de teatro que allí se representa. Ellos no lo saben, ¿Cómo pueden imaginar la hipocresía que reina en La Plaza de la Revolución? El que discursa hace como que le importa el bienestar del pueblo y a su vez el pueblo se hace que le cree. Paradójicamente esos extranjeros vienen a Cuba a demandar a sus gobiernos por los bajos salarios que devengan y el desempleo. No conocen la realidad cubana, ni pueden imaginar que esa masa enardecida que es dirigida desde la tribuna tenga algún reclamo parecido al de ellos. Resulta absurdo ver marchar a tantas personas inconformes sin que exista una manifestación de ello. Entonces molesta saber que los emigrantes cubanos en su tránsito por Centroamérica levantan sus voces y hacen reclamos a gobiernos que no son el suyo.

El desfile del pasado período no tuvo la misma participación que el presente; por eso los medios informativos repitieron hasta el cansancio las consignas que había que repetir y mostraron un ilógico optimismo. Unidad y compromiso fue “la frase del año” y que bueno que lo hiciéramos, unirnos y comprometernos a ser honestos y consecuentes con lo que pensamos. Los carteles dirían cosas diferentes a los que se enarbolan actualmente y se lograrían los cambios que deseamos.

También las empresas y organismos estatales redoblaron la exigencia en la participación y pidieron a los trabajadores presentarse desde la noche anterior. La propaganda gráfica fue excesiva y de mayor factura comparada con años anteriores; no obstante terminó en las calles pisoteada luego del desfile, por los mismos que las portaban en alto.

Así transcurre en la isla del inmovilismo, un desfile más en que se desaprovecha la oportunidad de reclamar cambios democráticos, o de optar por la “no” participación en la farsa gubernamental conjuntamente con la dirección de La Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

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Estudió Dibujo Arquitectónico. Ha realizado cursos de periodismo y artes plásticas. Es defensora de la libertad del individuo y los derechos de los animales.

roxanaaa@gmail.com

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