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Andan muy mal los valores

Motivada por algunos hechos desagradables que suceden en la ciudad y que corren de boca en boca entre la población, sobre todo después que algunos han dedicado tiempo para subir las escenas a las redes sociales en formato de videos, me decido  a escribir una vez más sobre el tema de las indisciplinas sociales y el rescate de valores éticos y morales.

Recién escuché sobre un hecho denigrante que ocurrió en el bulevar de San Rafael, concerniente a una pareja de jóvenes que hacían el amor sin recato alguno a la vista de los transeúntes en el portal de una tienda, por cierto que el incidente ha recorrido el mundo a través de YouTube y hasta un escrito sobre el hecho se ha publicado en el “Herald”; hace más de un año circuló otro vídeo tan desagradable como ese, donde una señora mayor bailaba eróticamente, a la vez que con sus movimientos subía su saya e invitaba a los curiosos para que la acompañaran en aquella danza grosera, que con sus meneos pélvicos incitaban al sexo. Y aunque algunos se limitaron a mirar, reírse, filmar con sus móviles o estimularla a su continuación, no faltó quien olvidara que estaban en medio de las calles Industria y Dragones mientras amanecía, para sumarse,  pero accediendo a la petición impúdica.

Estas no son más que muestras del comportamiento de aquellos que en vez de tratar de buscar opciones de vida adecuada, como dedicarse a un trabajo honroso o simplemente mantener la conducta correcta de tantos habitantes decentes que viven en la isla. Es necesario que el gobierno cree un programa para que este mal no se propague y que las personas que cometan indisciplinas como éstas lleguen a recapacitar en lo erróneo de su proceder, muestren respeto hacia los demás y  concienticen enmendar su pésima conducta.

Sobre las palabras obscenas a voz de cuello en las calles he escrito: ya se ha convertido en algo casi normal dentro del vocabulario de hombres y mujeres que no cuidan su comportamiento en público. Algunos  jóvenes, de ambos sexos, incluso vistiendo uniforme escolar, no reparan en quienes le rodean cuando lanzan  expresiones descompuestas, lo mismo en la calle que en un ómnibus. Por otra parte el acto de orinar en la vía pública va ganando en popularidad a cualquier hora del día.

Ya incurrir en un acto indecente o impúdico ha pasado a ser una conducta casi normal de miles de personas, sólo hay que dedicar unas horas y caminar por cualquier calle para corroborarlo.

Hace dos semanas, al pasar por un pequeño parque ubicado en  19 y M, no pude quedar más desorientada al ver la conducta inusual de una joven que bien ataviada, sin evidencias de trastornos psíquicos, se trepó a horcajadas encima de su pareja procediendo a besarlo y acariciarle apasionadamente en plena vía pública.  De cierta manera sentí vergüenza ajena cuando a mi lado pasaron dos jóvenes que también presenciaron la anormalidad. Podrían haber sido niños los que caminaran por allí. Decidí tomar las fotos sin  recelos, ya que ellos no mostraron escrúpulos en mantener la posición desvergonzada.

Es imperioso, que conforme se divulgan campañas políticas infatigablemente por  los medios de comunicación, el gobierno también trabaje en este punto tan esencial como es el rescate y conservación de los valores y proceda a elaborar un proyecto que elimine este mal  que deteriora a nuestra sociedad. Porque a fin de cuentas son individuos que con su actuar atentan contra la moral de la ciudadanía, algo importante en la formación y desarrollo de una sociedad.

Existen en el Código Penal de la República multas y sanciones para quienes transgredan el orden público, pero me pregunto, ¿estará contemplado dentro del contenido laboral de los agentes de la autoridad o inspectores que supervisan a  boteros y otros cuentapropistas llevar a cabo además esta misión? ¿No captan las cámaras de vigilancia estas situaciones? Se ha perdido tiempo en rescatar los buenos hábitos y es inexcusable ponerse a trabajar ya en este orden.

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Periodista Independiente y activista del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Realizó cursos de periodismo en la Universidad Internacional de Florida (FIU).

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