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La mujer afrodescendiente en Cuba

Para nadie es un secreto que la sociedad cubana actual, además de estar marcada por un discurso hegemónico, es una sociedad patriarcal donde históricamente ha existido la violencia, ejemplo de ello es la violencia  hacia el sujeto homosexual, la violencia intrafamiliar motivada por la compleja situación habitacional, la violencia física, verbal, económica y sexual. Pero una de las formas más visibles de violencia existente en Cuba y que vale la pena destacar es contra la mujer afrodescendiente, lo cual es una agresión a nuestra identidad. Este grupo de mujeres, además ha tenido que desafiar  y enfrentarse a situaciones de marginación y discriminación racial.

Según cita el investigador Tomas Fernando Robaina en su libro «Cuba personalidades en el debate Racial «El racismo es la ideología de los que se consideran superiores por pertenecer a una raza determinada, el prejuicio es lo que domina la mente de los racistas, lo que se transmite como código de conducta. Esto a veces influye en personas que no están plenamente consciente de actuar bajo el influjo de una ideología  racista. La discriminación, por lo tanto, es ya la materialización práctica de los prejuicios de la ideología racista, que no siempre se ven y se manifiestan como tales fenómenos, en virtud de la complejísima dinámica social, y de la extensión en el tiempo de estas manifestaciones».

Ejemplo de esta teoría  lo explica claramente este autor durante toda la narrativa en su libro y nos demuestra con hechos bien documentados que desde los tiempos de la colonia en Cuba comenzó a visualizarse un proceso que fue llamado como el blanqueamiento intelectual (cultural y educacional ) y el blanqueamiento físico este último comenzó con la violencia sexual utilizada por el blanco o el esclavista sobre la mujer negra y como consecuencia de dicha violencia la esclava tuvo un hijo con un blanco que era a su vez su amo, y además tuvo otros hijos con el propio negro, pero la historia registra que ese hijo del amo tenía ciertos privilegios que no tenían los hijos de esclavos,  y esos privilegios les permitían avanzar un poco más dentro de la sociedad, aunque siempre limitados por su origen racial y clasista,  y así se fue creando un estado de opinión que consistía en que si era menos negro se tenía más oportunidades de avanzar en la vida.

Tal vez resulta inverosímil creer que aunque han pasado varios años de estos sucesos, aún en Cuba se mantiene vivo este estado de opinión que si eres menos negro tienes más oportunidades de avanzar en la vida, así como la explotación hacia la mujer afrodescendiente, ya que la imagen de la mujer negra ha sido construida a partir de estereotipos negativos, los cuales continúan hoy reproduciéndose, principalmente en los programas de televisión donde las negras son las hechiceras libidinosas y la mulata la tradicional seductora.

Actualmente cuando observamos diversos sectores de la sociedad y realizamos profundamente un análisis de lo que sucede con la mujer afrodescenediente  en el sector  estatal podemos ver que un bajo porcentaje de las negras y  las mestizas  ocupar cargos de dirección en la esfera política, ya sean a nivel de base o a nivel superior , además tampoco vemos mucha presencia de mujer afrodescendiente en el campo de la publicidad, la televisión, eventos internacionales  y muy pocas de ellas trabajan en el área de turismo como gerentes , y si nos dirigimos al sector privado pues tampoco hay una política de cambio porque aún predomina esta idiosincrasia de que la mujer afrodescendiente es la que ocupa un puesto un poco más desfavorecido con respecto a la mujer blanca.

Cuba a pesar de ser un laboratorio de múltiples mestizajes, el racismo nos abraza y se encuentra muy bien acomodado en nuestro imaginario social y político por lo cual ni existe la voluntad política por parte de las autoridades para que el debate sobre el mismo tenga movilidad en el espacio de la esfera pública, pero tampoco desde el punto de vista educacional y no existen reglas preventivas que sancionen. En un país como el nuestro hablar de racismo no es fácil, es uno de los temas que más incómoda.

Es una realidad que está presente en nuestra experiencia cotidiana, el racismo antinegro es una de las marcas más visibles que se han heredado de la esclavitud pero nosotros como defensores de Derechos Humanos, actores de cambio de la sociedad civil y facilitadores tenemos la obligación de provocar una conversación estructurada sobre el tema todos los días y en todos los espacios posibles. El racismo continúa siendo un castigo social y hay muchas historias de vidas marcadas por ello. El  Estado cubano continúa perdiendo oportunidades con relación a la necesidad de que el tema forme parte de la agenda de trabajo de la esfera pública debido a la falta de voluntad política.

Desde el lente del poder se alarga la posibilidad de ser radical y conservador frente a la urgencia de dialogar públicamente sobre un tópico que puede contribuir a definir el futuro inmediato de la sociedad en un escenario hostil muy marcado por las desigualdades en lo cual la población afrodescendiente, principalmente las mujeres continua siendo las más vulnerable.

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Licenciada en Educación, especialidad en Lengua y Literatura Inglesa. Miembro del Instituto Nuevo País y del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). Realiza trabajo de campo sobre la mujer rural afrodescendiente, su representación en la economía emergente y la naturaleza particular del racismo y la discriminación.

marthadelatamayo@gmail.com

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