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Evo y el Agua

Aunque América Latina y el Caribe fueron declarados recientemente zona de paz, el Presidente boliviano Evo Morales, no parece haberse enterado. Visto el poco caso que los sucesivos gobiernos de Sebastián Piñera y Michele Bachelet le han hecho a la demanda boliviana de una salida soberana al mar, ahora la emprende contra el mismo país vecino por unas aguas (manantiales del Silala) que Chile ha venido utilizando desde hace la friolera de 108 años, sin que nunca antes alguien hubiera reparado en ello.

La frustración y el rencor de Evo ante la negativa de los bolivianos a su pretendida perpetuación  en el poder, más el irritante tema de la mediterraneidad del país, lo hacen utilizar el chovinismo como política de estado. Al igual que la dictadura argentina con lo de las Islas Malvinas, Chávez con la Guyana y Castro con Guantánamo, ante los fracasos y la impopularidad crecientes en lo interno, estos regímenes echan mano a razones territoriales de larga y difícil solución para que la opinión pública nacional e internacional tenga en qué entretenerse.

También Hitler, Stalin y Mussolini hicieron reclamos territoriales llegando a la ocupación de territorios ajenos. Es como si las ideas socialistas, nacionalistas o nacionalsocialistas tuvieran su culminación en engullirse a los vecinos o cuando menos darles siquiera un mordisco.

Para Evo Morales, el que su país haya sido responsable de la guerra que le hizo perder parte de su territorio a manos de Chile, no tiene importancia. Que en la fatal aventura haya arrastrado al Perú, país que perdió vidas humanas y una provincia en un conflicto que no era suyo, y que existan pactos que obligan a las partes a dejar las cosas como están, tampoco parece importarle al populista caudillo latinoamericano.

Todas estas reclamaciones tienen mucho que ver con el mesianismo que acompaña la historia de este continente desde el descubrimiento; almirantes, conquistadores, libertadores, generales y doctores, siempre ha sido lo mismo, pero con el socialismo los elegidos se han multiplicado como la mala hierba en tiempo de lluvias.

A falta de buenos resultados en la gestión de gobierno o simplemente porque les gusta la silla presidencial, hay que buscar un enemigo de adentro o de afuera para culparlo de cualquier cosa que sirva para desviar la atención de los verdaderos problemas; descenso de la productividad, inflación, masificación de la pobreza, endeudamiento, desabastecimiento, corrupción, pérdida de libertades, y otros males que proliferan en los regímenes populistas del siglo XXI.

Los manantiales del Silala es la nueva excusa para que se mantenga encendido el fuego de la confrontación. Los gobiernos de izquierda, mientras más a la izquierda, más agresivos, y estos émulos del castrismo ven con pesar que los discursos altisonantes y las banderitas rojas no son suficientes para darle credibilidad al marxismo.

El pueblo boliviano no va a caer en la trampa del nacionalismo para que Evo se convierta en el abanderado de las causas acuáticas en el continente. Por el momento sigue solo en sus lamentos porque los amigos bolivarianos bastante tienen con lo suyo, que no son manantiales precisamente.

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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