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Los jóvenes sí pueden

Estuve, privilegiadamente, en las pasadas elecciones del 10 de abril en Perú. Fue para mí, una joven cubana que desconoce cómo funcionan las democracias, una experiencia muy interesante, ver parte de los debates en los medios de comunicación, leer las distintas maneras en las que los candidatos intentan ganar seguidores y la paz que se respira a pesar de la dura competencia por triunfar en las elecciones.

Lo más interesante para mí, como joven, fue ser testigo del entusiasmo de mi generación en Perú. Acudí con los demás compatriotas que asistimos desde Cuba a observar las elecciones a un mitin de cierre de campaña de Pedro Pablo Kuchinki o PPK como se le conoce en Perú.

Había allí mucha juventud. Confieso que pensé que se trataba solo de la fiesta. En mi país los jóvenes van a los mítines y a las concentraciones empujados por la presión del gobierno o por el interés de disfrutar, bailar o cantar un rato, haciendo una pequeña salida en grupo como gusta siempre a mi generación. Eso fue, como dicen en psicología, una proyección de mi propia experiencia.

He escuchado tanto que a los jóvenes no les interesa la política que no creía realmente que en Perú ocurriera algo diferente. En Cuba no solo lo he escuchado, también se ve en la cantidad que solo desea abandonar el país.

Pero debo admitir que el día de las elecciones en Perú vi y fui testigo de algo distinto. De que los jóvenes sí están comprometidos y sí participan en política, aunque está claro que el voto es obligatorio en Perú. En los colegios que visitamos eran muchos jóvenes votando, haciéndolo temprano a pesar de ser domingo y participando de  las elecciones como si fueran veteranos profesionales.

En estas elecciones votaban 700 000 jóvenes por primera vez. Y este voto se pudo respirar en todos los lugares de los que tuve noticias. Me contaron algunos de mis compatriotas, a quienes pregunté cómo les había ido ese día, que les llamó poderosamente la atención, como a mí, que la composición de la mayoría de las Mesas Electorales era juvenil, y más interesante aún, de mujeres.

Esas son magníficas noticias que cambian y deben hacer cambiar la opinión de quienes creemos que a los jóvenes no les importa la vida política de sus países. La pregunta que debemos lanzar entonces es qué estamos obligados a hacer para despertar el interés de mi generación en la vida política, alejándonos de la superficialidad, de los vicios que nada aportan y acercándonos a los espacios de creación social y de participación política.

Se me ocurre, entre otras cosas, que podemos hacer lo que se hace por ejemplo en el Instituto Político por la Libertad (IPL PERÚ). Impulsar programas intensos y específicos para empoderar a los jóvenes, estimulando su protagonismo y sus propias inquietudes, buscando que se unan para llamar la atención sobre sus intereses y sobre la importancia de sus miradas frescas y haciéndoles ver que el cambio depende de ellos.  Creo que haciéndolo así, podremos decir que los jóvenes sí pueden.

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Miembro del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH). Actualmente forma parte del equipo de comunicaciones del proyecto #Otro18.

yaimaherrera@aulasabiertas.com

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