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Después de la borrachera, la resaca

En actitud quijotesca y bullanguera, el gobierno cubano, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, hace suya la causa de los políticos de izquierda latinoamericanos sorprendidos en actos de corrupción. Claro que deben mostrarse solidarios, porque los dirigentes cubanos, todos militantes del Partido Comunista, tienen un largo historial de escándalos de corrupción en sus filas.

Muchos de ellos han ido a la cárcel acusados del delito de malversación o por el eufemístico desvío de recursos. En los años sesenta del pasado siglo, al creativo Comandante Ernesto Guevara se le ocurrió la idea de enviar a estos valiosos cuadros con rezagos del pasado a sembrar  eucalipto en la península de Guanahacabibes, provincia de Pinar del Río, para que no se perdieran, sino fueran reeducados en los principios y valores del socialismo, algo así como un gulag tropical.

Otros han escapado de ser juzgados porque pusieron pies en polvorosa y la justicia revolucionaria es lenta cuando se trata de sus hijos. Altos funcionarios con maletines llenos de dinero dejaron de ser hombres de confianza para convertirse en traidores, todos ellos eran militantes del partido comunista, únicos privilegiados con cargos de dirección y posibilidades de viajar al extranjero. Los casos de corrupción que involucraron a empresas mixtas con funcionarios cubanos,  parientes y testaferros nacionales y extranjeros fueron noticia hace algún tiempo. Hasta suicidas encontramos en estos expedientes dignos de un serial policiaco.

Todos esos delincuentes se han valido del cargo ocupado más por simpatías políticas o cercanía parental que por méritos propios, ayudados por la falta de transparencia inherente al sistema de gobierno, la impunidad ante los órganos policiales y de justicia que deben esperar ser autorizados desde arriba para proceder y el hacerse de la vista gorda para no buscarse problemas.

Hace unos meses el señor Antonio Castro Soto del Valle, fue visto mientras paseaba en yate con un grupo de amigos… por Turquía, al parecer Cayo Largo y Varadero le quedan estrechos al benjamín del comandante, pero hasta el momento ni las autoridades ni la prensa cubana han dedicado una palabra al incidente.

Lula, la Rousseff, Evo, los Kirchner y otros compañeros revolucionarios y socialistas por más señas, ponen el grito en el cielo porque son víctimas de una gran conspiración a la que cada vez se suman más, hasta los pueblos están en las calles pidiendo justicia contra los corruptos.

No es que ellos solos hayan robado del erario público, porque al decir de un presidente cubano de los primeros años de la República, “tiburón se baña, pero salpica”, y la ex de Evo, los directivos de Petrobras, los hermanos, primos, sobrinos y amigos de los gobernantes se han salpicado a gusto en la piñata de la izquierda latinoamericana. El tiempo demostrará el grado de responsabilidad y la cuantía de lo robado.

En Cuba las denuncias ciudadanas contra los políticos no existen porque en Cuba gobierna una dictadura que considera cualquier hecho de este tipo una agresión al partido comunista, la revolución y los líderes, pero en cualquier lugar donde haya democracia ni los gobernantes ni los militantes de ningún partido están exentos del escrutinio público porque todos están sujetos a la Constitución y las leyes, en eso consiste el Estado de Derecho, nadie está por encima de la ley por muy amigo del pueblo que diga ser.

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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