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Estamos plagados de fundaciones y grupos de DDHH

Cuando tengo la oportunidad de salir de Cuba invitado a participar en algún evento, suelo pasar las noches enteras mirando y descargando videos en You Tube. Esto se debe a que dentro mi país no existe la posibilidad de conectarme normalmente a internet. Pues en mi caso, a pesar de ser un ingeniero y dirigir un movimiento político, no tengo ni siquiera un teléfono fijo en la casa ya que el monopolio estatal de las telecomunicaciones en Cuba no me presta ese servicio.

En una de esas interminables jornadas de reproducción de videos online, decidí examinar varios discursos de los clásicos presidentes populistas que en las últimas dos décadas han surgido en nuestro continente, inspirados en Fidel como mentor político. En todos observé algo que constituye rasgo común en sus arsenales demagógicos. Se trata de la queja y el cuestionamiento constante a la existencia misma de la sociedad civil en todas sus manifestaciones. Especialmente se molestan por la acción de aquellos grupos u organizaciones que se empeñan en transparentar o fiscalizar la gestión de los gobiernos.

En este son escuché un discurso de Rafael Correa donde afirmaba que: “nuestros países están plagados de fundaciones y grupos de Derechos Humanos”. Evidentemente escoge el término “plagados” que viene de Plaga, para dar una connotación negativa, dañina y enfermiza a la existencia de observatorios electorales, fundaciones para la transparencia y los gobiernos abiertos, Defensorías del Pueblo, grupos que promuevan las políticas de género, institutos que evalúen la calidad de la democracia, fundaciones para la lucha contra la corrupción o la propia prensa Independiente.

Pero lo más preocupante de estos planteamientos no es que ellos lo digan (que es de esperar) sino que otros los aplaudan. Parece que algunos suelen olvidar o no se han dado cuenta de que los avances innegables que se han vivido en toda la América Latina en cuanto a democracia y derechos humanos solo fueron posibles gracias a la permanente presión que desde las sociedades se vino ejerciendo en forma pacífica y organizada, después del sangriento fracaso que representaron los movimientos armados que enlutaron a casi todas nuestras tierras en una época donde se pensaba que solo los cañones podían resolver nuestros conflictos.

Si hay algo de lo que cada ciudadano de nuestra América debe sentirse orgulloso, es de haber sustituido las Kalashnikov por los Blogs, las minas por los carteles, los tanques por los debates y las guerras por las elecciones.

Cada componente que refuerza y empodera la sociedad civil no es un problema sino una poderosa herramienta a favor de la estabilidad y el equilibro en el ejercicio de los poderes. Quien pretenda en este siglo hacer política desconociendo la decisión de los pueblos de no desmovilizarse jamás en la defensa permanente de sus derechos, está condenado al más bochornoso fracaso.

La prueba de esto, es lo que estamos viendo por estos días en que parece que una vez más se reafirma cual es el camino que conduce al crecimiento con libertad y el que nos lleva invariablemente a la banca rota y a la represión.

Si todas las plagas son como nuestras crecientes y cada vez más activas sociedades civiles, ¡bienvenidas las plagas!

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Es fundador y presidente de la organización Somos +. También es colaborador de proyectos de la sociedad civil cubana como Razones Ciudadanas y Estado de Sats. De profesión, es ingeniero en Ciencias Informáticas por la Universidad de Ciencias Informáticas de La Habana (UCI). Escribe permanentemente artículos de opinión para Diario de Cuba, Cubanet. Su liderazgo lo ha llevado a ser capacitado por diversas organizaciones en países como Suecia, República Checa, Polonia, Francia, España, Estados Unidos, Perú, México, entre otros.

elieceraa@gmail.com

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