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Exhortan a mayor autonomía empresarial

El proceso de cambios económicos  que se vive en Cuba no es solo económico, es también un proceso literario, humorístico, todo un compendio representativo de la cultura vernácula cubana. El máximo representante de los trabajadores cubanos, Salvador Valdés Mesa, Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), recorrió en días pasados diversas industrias del Municipio Cotorro en la capital.

Según el periódico Tribuna de La Habana, órgano del Comité Provincial del Partido, también miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado, “enfatizó en la importancia de la planificación y el cumplimiento del contrato como bases de la empresa socialista. Abundó sobre la necesidad de una eficiencia industrial y productiva que permita cambios en el sistema salarial para estimular el trabajo y los índices generales de desarrollo a todos los niveles y llamó a alcanzar una mayor autonomía de las empresas y en la toma de decisiones administrativas.”

A todas las declaraciones de este dirigente sindical representante de la patronal, se le pueden hacer algunas anotaciones: por ejemplo, que los contratos basados en la planificación estatal son subjetivos y por tanto su cumplimiento es una utopía, pues lo mismo sirven para amparar la producción de chancletas de palo que nadie va a usar, que para fijarles a las inútiles prendas un precio que nadie está dispuesto a pagar.

Algo semejante ocurre con la eficiencia industrial y productiva, concepto este inalcanzable para las empresas estatales, no importa a lo que se dediquen. Dentro del cantinfleo armado por Valdés Mesa se mezclan índices de desarrollo con cambios en el sistema salarial, estímulos al trabajo y eficiencia, todo articulado con tanta confusión que los trabajadores solo alcanzan a comprender que les toca dejarse explotar por el Estado sin esperanzas de mejorar sus vidas.

Para colmo, el dirigente llamó a alcanzar mayor autonomía de las empresas y en la toma de decisiones. Al parecer olvidó que las empresas socialistas, precisamente por serlo, carecen de autonomía para decidir qué producen, en qué cantidad y a qué precio, a quien vender o comprar y todas las demás atribuciones propias de una verdadera empresa.

Si las empresas no tienen libertad por quedar sujetas a un plan centralizado, ni los gerentes ni administradores socialistas tienen la posibilidad de aplicar iniciativas propias de un líder empresarial sin previa autorización, ¿Cómo lograrán conciliar la obediencia partidista y el sentido común?

El discurso de Salvador Valdés Mesa es igual a otros muy de moda en estos tiempos de guiños a los capitalistas, cuando pretenden resultados de economía de mercado con la misma falta de libertades del comunismo. Algo así como un comunismo de mercado o la versión económica del monstruo del Dr. Frankestein.

Está claro que los dirigentes sindicales, como se dice en Cuba, ni pinchan ni cortan, por lo que el recorrido de Salvador Valdés por la “Antillana de Acero” y otros centros improductivos del Municipio Cotorro, tendrá nulos resultados para la economía del país aunque sea digno de premio en algún festival de teatro.

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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