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“El presentador”, Cuba y su reflejo en 1984

1984 de George Orwell se acaba de publicar en Cuba después de 55 años de censura. Y pareciera, por lo que dice y escribe que su presentador y prologuista Pedro Pablo Rodríguez, tiene miedo que lo identifiquen en la novela y trata de minimizar la importancia del autor y de la obra.

Los que estuvimos en la presentación en la 26 Feria Internacional del Libro de La Habana no olvidaremos como “el presentador”, en medio de su discurso confuso donde no nombraba a nadie ni a nada, solo al capitalismo feroz y a las bondades del socialismo en la forma más abstracta posible; hablaba de unas torres ubicadas en Alaska por lo americanos, según él, que nos escuchan a todos. Y a él en particular.

Como si de la humanidad quedáramos “tres gatos” (uno de ellos él) y fuéramos del interés de los Estados Unidos; como si los que nos vigilaran a los cubanos fueran los americanos y no los mismos cubanos; como si nosotros no tuviéramos nuestro “gran hermano” nacional que intenta controlarlo todo y que dice saberlo todo. Pues, si el libro, según “el prologuista”, no puede catalogarse como una obra de la ciencia ficción, su presentación, sí.

El prólogo está escrito en tono de reproche y no se le escapa a “el prologuista” que la vida adolescente y juvenil en “los marcos imperiales”, o los estudios en “exclusivo Colegio de Eton” en Inglaterra, del escritor pudieran haber sido un factor determinante en la visión crítica de Orwell de las sociedades totalitarias.

Y no importa que el mundo entero se identifique con Rebelión en la granja o con 1984, “el prologuista” recalca que “para algunos” la obra maestra de Orwell es Homenaje a Cataluña.

“el prologuista” intenta hacer su propia distopía con la biografía de Orwell: la descontextualiza para analizarla y juzga la evolución del escritor como si se tratara de un militante del Partido Comunista de Cuba cualquiera. Habla de sus convicciones como las consideran algunos comunistas, como algo rígido, inamovible; como si no fueran parte de la conciencia o del raciocinio humano y no estuvieran sujetas a variaciones; como si las convicciones fueran un órgano en el cuerpo o la columna de un edificio y sus cambios pudieran constituir una catástrofe.

Hay ideologías e ideólogos que no perdonan. 1984 en Cuba no significa nada, solo un juego de apariencias.

Lo que no quita que la gestión editorial de Arte y Literatura o la traducción de Fabricio González Neira, no sean genuinas expresiones de intelectualidad donde es más importante que el lector llegue a la novela, la disfrute y la desmitifique por sí mismo si tuviera que hacerlo.

Los reproches continúan y “el prologuista” conmina al lector cubano a ver más allá del final frustrante de Orwell. Invita a reconocer, como no lo hizo Orwell que en el tipo de organización social donde hay un “Gran Hermano”, podemos ser felices.

Le reprocha a Orwell que no reconozca “ni la justicia, ni la racionalidad, ni la verdadera necesidad humana” del socialismo aun cuando se sepa que lleva irremediablemente a dictaduras: no importa si es la del proletariado o la de un grupo de ladronzuelos en el poder.

“el prologuista” se identifica el solo como uno de los secuaces del “Gran Hermano” y llena el prólogo de eufemismos con lagunas históricas. Se olvida que el nazismo y el estalinismo tuvieron campos de concentración. Ese solo dato los hace demasiado parecidos como para no temerles.

Pedro Pablo Rodríguez tanto en el personaje de “el presentador” como en el de “el prologuista” se esfuerza por hallar similitudes entre 1984 y el capitalismo “feroz”. No mira a Cuba y si lo hace, se queda a mitad de frase, es reticente y regresa a buscar los rasgos de la novela en el imperialismo, sin mencionarlo, claro, para no desdorar las nuevas relaciones.

Habla y escribe como si el estado cubano no hubiese estado sostenido por la egolatría de un solo hombre haciendo siempre de “Gran Hermano”. Si 1984 sigue suscitando interés entre los cubanos es porque de alguna manera buscamos encontrarnos reflejados en un libro que nos han estado escamoteando por 55 años. No obstante, los que ya la han leído sabrán que no van a encontrar ninguna solución en esas páginas, solo su reflejo ante un espejo con el azogue intacto.

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Narradora y periodista. Sus trabajos han sido publicados en la revista especializada chilena “PAT”, en la revista cubana de Hip Hop “Movimiento”, en los sitios digitales: editorial Cubaliteraria, en el blog Havana Times, en la revista Isliada, entre otros. Trabajó durante cuatro años de redactora editora en la edictorial Letras Cubanas y actualmente forma parte del equipo de redacción de Diario de Cuba.

maria.matienzo@gmail.com

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