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Peor, sí es posible

En Cuba se habla en susurros, todo o casi todo es secreto, sobre todo las cuestiones relativas al gobierno y los pensamientos que se apartan de la ortodoxia oficial. Pero por estos días la gente está hablando como para ser oída, la opinión pública da señales de alarma y no es para menos.

Se avecinan tiempos aún más duros para los cubanos. Cuando ya parecía haber tocado fondo la situación económica provocada por la ineficiencia del sistema escogido por los dirigentes del Partido Comunista y su propia ineptitud, llegan noticias de que al fin se va a aplicar el anunciado y largamente postergado impuesto sobre el salario.

Las manifestaciones de disgusto no se han hecho esperar entre los trabajadores que,  a los altos precios de los productos en los agromercados y en las tiendas recaudadoras de divisas, ven sumarse una injusta carga tributaria sobre el salario neto devengado.

Haciendo un poco de historia, se puede decir que entre las primeras medidas del gobierno revolucionario estuvo el ajuste salarial consistente en rebajar todos los salarios y establecer un sistema de escalas basado en la calificación del puesto de trabajo y el tiempo de desempeño del cargo.

Fue el famoso tridente que estableció tres niveles y un techo máximo al salario a devengar por cada trabajador, sin posibilidad alguna de superarlo por mucha experiencia o muy buenos resultados que hubiera.

Desde siempre, dicho salario se desglosó en salario bruto y salario neto; del salario bruto eran extraídos los impuestos por maternidad, salud, gastos para  la defensa, educación y seguridad social. Del salario neto salían las vacaciones, el famoso 9.09, el resto era lo que el trabajador se llevaba a la casa para sacar cuentas a ver como llegaba al fin de mes.

Lo anterior quiere decir, que en todos estos años de revolución socialista los trabajadores cubanos han pagado de su bolsillo la educación de sus hijos, los servicios de salud, la defensa del país, el orden interior, las guerras de liberación en África, los movimientos guerrilleros en América Latina, su jubilación y los viajes de placer de los dirigentes y sus familiares por el Mediterráneo, París o Ciudad México.

Al parecer esto no es suficiente, y al magro salario neto, lo van a recargar con más obligaciones que subsidien la incapacidad del gobierno para estimular la creación de riquezas. El engaño  del benefactor dadivoso no da más.

El comunismo cubano confiscó las propiedades de los empresarios norteamericanos, de los cubanos millonarios, de los medianos y pequeños empresarios y durante todo el proceso, mantuvo metidas las manos en los bolsillos de los trabajadores. Con la nueva política de impuestos sobre el salario, llegó el momento de virar los bolsillos al revés para saquearlos por completo.

Entre las políticas fiscales anti obrero, la imposición de precios topados a los productos agropecuarios, las amenazas de quitar las tierras a los campesinos desobedientes y la frialdad con que los inversores extranjeros escuchan las ofertas de los neocapitalistas isleños, el futuro de la Cuba socialista y revolucionaria pinta mal, quizás este impuesto sobre los salarios sea la gota que colme la copa y empuje a los cubanos a decidirse entre seguirle el juego a unos fanáticos fracasados pertenecientes al siglo pasado, o construir una sociedad moderna democrática y próspera.

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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