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Consumo, luego existo

El ser humano es insaciable en sus necesidades y placeres, desde que buscó las cuevas más confortables para cobijarse con su familia, cazó, pescó y recolectó frutos y raíces para su sustento, prefirió para asentarse los lugares cercanos a fuentes de agua dulce y, cuando supo hacerlo, prefirió cocinar los alimentos a comerlos crudos, aprendió desde temprano a cubrirse el cuerpo con pieles y fibras vegetales y todo este bienestar lo defendió y mejoró durante miles de años.

La primera etapa en la evolución del hombre, se caracterizó por comer y vestir más y mejor, en la medida que el hombre primitivo dejó de serlo, las necesidades primarias ya no eran las únicas que importaban y el comer ya no era solo una necesidad física, sino un placer y una actividad social, con el vestir ocurrió lo mismo y desde entonces el obtener bienes, usarlos, desecharlos y sustituirlos por otros más ventajosos ha sido parte de la cultura universal.

Esto era visto como algo normal a pesar de las modas extravagantes y las actitudes exhibicionistas que siempre han dado que hablar, pero la campaña desatada contra el consumo desde distintos frentes, hace ver la natural inclinación del ser humano a satisfacer sus necesidades  básicas, estéticas y espirituales,  en otras palabras, consumir, como algo que atenta contra la humanidad, la ecología y la justicia social.

Cuando ecologistas y moralistas atacan la llamada sociedad de consumo, se olvidan que en todas las sociedades se consume, incluso en Cuba, donde a pesar del férreo bloqueo impuesto por el gobierno comunista, mucha gente se las agencia para vestir a la moda, tener una laptop, un teléfono celular y darse el lujo de comprar aceite en la shopping.

El consumo no es malo, es humano, lo malo es cuando no hay qué consumir porque los mercados están desabastecidos  o cuando los precios son prohibitivos y no se puede acceder a los productos. Gracias a que existen los consumidores, los productores  y los que brindan algún tipo de servicio pueden ganar el salario con el que mantienen a sus familias de consumidores.

Habría que ver como lucirá la Tierra sin fábricas, sin medios modernos de transporte, sin electricidad, sin campos arados ni ganado pastando, sin tiendas de ropa ni restaurantes, solo bosques, mar, ríos, puro paisaje no urbano, donde grupos de nómadas esperan pacientes y desnudos la salida del sol para ir a recolectar lombrices y caracoles que el aguacero de la madrugada hizo salir de sus agujeros. Que estimulante el aire limpio que eriza la piel de los niños desnutridos que corretean en el barro.

Esa deprimente escena anti consumista y ecológica tiene muy poco que ver con el ser humano real lleno de defectos, ambicioso, buscador de placeres, pero trabajador y eterno inconforme que busca lo suyo. El hombre vino al mundo como consumidor y es posible que en el camino termine por consumirse a sí mismo, pero utilizar el tema del consumo como plataforma política, es otra estrategia de izquierdistas disfrazados de ecologistas y humanistas. Como los de Cuba, que a la falta de productos en los mercados llaman austeridad y a la miseria compartida solidaridad.

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Abogado y periodista independiente, miembro de la Corriente Agramontista de Abogados Independientes. Director del Centro para el Análisis de Políticas Públicas Libertad y Desarrollo. Escribe para el Diario de Cuba. Participó como candidato a delegados (concejales) en las elecciones municipales del Poder Popular en el 2015.

puchochaviano@hotmail.com

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