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Jóvenes cubanos

¿Y qué piensan los jóvenes en la Cuba Contemporánea?

Jóvenes cubanosEmpecemos por saber qué pasa con ellos.

Formo parte de una generación que vivió en la Isla los últimos latidos del mal llamado socialismo real, siendo testigo al mismo tiempo del derrumbe del muro de Berlín. Soy también parte de una generación conocida como los hijos de Guillermo Tell, muchos de los cuales   perdimos un amigo en África y a otros escapando de la Isla en medios de las fauces del mar.

Han trascurrido más de 20 años del derrumbe de ciertas experiencias históricas, de las cuales muchos fuimos testigos y víctimas despiertos, y Cuba aún no ha salido de esos años grises que han marcado a todos los cubanos, y que dieron en llamar Periodo Especial en Tiempo de Paz.

Y hoy asistimos a una sociedad más fragmentada que antes y los jóvenes son unos de los grupos etarios más afectados por ese negativo Periodo Especial. La más reciente generación joven cubana le ha tocado ingresar a la vida social en un momento bien difícil de confiscación de sueños y alteración de ritmos apropiados de vida.

En la Cuba de ahora mismo los jóvenes se enfrentan, no a la idea de sus padres, sino a la de sus abuelos. Les resulta difícil ingerir los discursos oficiales protagonizados por la generación histórica  y sienten que sus padres sacrificaron su juventud y perdieron el tiempo en intentar construirles un futuro mejor. Para una notable mayoría de ellos, la Revolución, que tanto se pregona en mayúsculas, es un ente inmóvil del que todos los días sienten su agotamiento físico como poder. Y desde aquí y a contracorriente, ellos intentan hacer su propia revolución.

Los jóvenes cubanos dejaron hace mucho tiempo de creer que podían y debían ser como el Che, pues el proyecto utópico del hombre nuevo fracaso. Los jóvenes cubanos  de hoy asumen una diversidad de atuendos simbólicos pero siguen muy marcados por el paternalismo, y por las diferencias que van desde el orden territorial, pasando por la creciente estratificación social, por las notables diferencias  entre el campo y la ciudad,  por las diferencias de orden sociocultural ― donde lo racial es una losa pesada e incómoda―, por la feminización de la pobreza, el incremento de las desigualdades sociales  entre identidades   condicionados por la dolarización económica, la  estratificación de los espacios laborales,  ―tanto en el diferenciado segmento estatal como en el privado, y por la  escasa disponibilidad de empleos.

La constante migración tiene un peso fuerte en el segmento de la juventud. Particularmente la migración femenina. Desde ella se ha establecido como una especie de tabla de salvación mediante la cual se buscan nuevas formas de sobrevivir a través de contratos de trabajo temporales en el exterior. Esta migración recurre también a la prostitución, destacándose la de tipo masculina como la más notable, o el matrimonio con extranjeros: una vía de ingresos y de escape de la realidad de la que se aprovecha además el Estado cubano. Una cifra muy notable de jóvenes considera que en su país no tienen futuro inmediato, y que sus recursos de bienestar están más cercas de las playas de Miami y de las nieves de Estocolmo.

Hoy las buenas energías de lo más valioso de nuestro capital humano y de producción intelectual están dispersas por Madrid, Roma, New Jersey, Bogotá, Caracas o Montreal. Los canales de fuga son múltiples: la diplomacia médica, deportiva  o educacional como búsqueda de nuevas estaciones que le permitan desarrollar sus proyectos de vida. Pero su impacto sobre el empobrecimiento del país es inmenso.

Los jóvenes, por otra parte, no solo están marcados por la cultura estética del reggaetón, sino por los sentimientos de desencanto, abandono  y vacío. Unos sienten la fatiga de la política pues ella no cabe ya en la azucarera, que poetizara un conocido trovador cubano.  Sus vidas están marcadas por discursos políticos vacíos, por la ausencia de diversidad ofertada y de opciones. Los espacios para negociar un proyecto  común no están creados. Algunos jóvenes intentan reformar el socialismo, pero muchos otros son críticos con él; y lo son  más que sus padres pues no comparten la cultura política de los mismos.  Frente a la desilusión del actual contrato social que les ha robado las ganas se dispara, desafortunadamente, la motivación de marcharse al extranjero.

Otros de los grandes problemas que afectan a nuestros jóvenes es la baja natalidad por la no disponibilidad de viviendas y proyectos propios de vida. Ellos no dejan de buscar estrategias que le permitan sobrevivir a muy corto plazo, más conectadas en el imaginario con el mundo de lo privado que con el mundo de lo social. Este continúa perdiendo fuerza. Y mientras unos continúan esperando el futuro pasivamente, otros no tienen el futuro en su calendario y deciden a todo riesgo anclarse a las viejas tabla de salvación.

Hay una crisis de confianza que continúa dejando en ellos, y con los años, crudas cicatrices. Atraviesan por otra parte un proceso de ruptura, de crisis, de deterioro de su espiritualidad pues apenas tienen participación en las decisiones políticas más importantes. No se sienten de tal modo como sujetos de cambio.

No hay, por otra parte, una agenda generacional en la cual se refleje su proyecto de país. Mientras, la universidad continúa siendo exclusivamente para los revolucionarios políticamente correctos, que reduce sus posibilidades de movilidad social. Pero ellos adolecen de algo fundamental: una cultura del derecho que les permita legitimar y luchar legalmente por sus espacios de socialización y participación.

Una de las demandas más inmediatas de los jóvenes cubanos se concentra en su participación desde la autonomía, y no desde las guerrillas cibernéticas, en las políticas digitales disponibles desde la sociedad del conocimiento  global y de la información. Cuba es un país desconectado tecnológicamente y alrededor de la web 2.0 el estado en nombre de la seguridad nacional diseña políticas de contención que levantan un cerco sanitario alrededor del segmento juvenil, acción que les impide matrimoniarse con cualquier compromiso militante.

A pesar de estas imágenes no todo es gris como el mundo que nos diseñaron. Hay un sector emergente de la juventud despojado de los malos hábitos de la lógica revolucionaria. Muchos se han tomado en serio qué proyecto de país necesitan construir. Para ellos los nuevos momentos exigen nuevas respuestas y, a pesar del inmovilismo político, trazan nuevas estrategias, en particular desde el campo cultural cubano. Para muchos artistas de la cultura urbana underground ,la música y el audiovisual continúan siendo testimonios de resistencia y de empoderamiento, a pesar de la censura.

La juventud de hoy exige ser protagonista de los cambios, por lo cual está obligada a transitar la sociedad cubana.

Su intensidad narrativa y de empoderamiento, y sus aspiraciones se manifiestan en la estética discursiva de la cultura del Hip Hop cuyos protagonistas son Los Aldeanos, Silvito El Libre, Raudel Escuadrón Patriota, Doble Filo y Mkael Xtremo, y también las suaves notas del dúo Buena Fe, junto a las canciones de los cantautores ya no tan jóvenes como Carlos Varela, el de la política y la azucarera, y Frank Delgado. También en los audiovisuales del movimiento de nuevos realizadores liderado por los jóvenes cineastas Susana Barriga, Alejandro Brugues, Aram Vidal, Karel Ducasse, Jessica Rodríguez, entre otros.

Ellos, a través de la música y del audiovisual contemporáneo cubano, se imaginan nuevas formas de pensar y construir Cuba, imaginan nuevas formas de ciudadanía y empoderamiento. Todos ellos, al igual que una parte significativa de la sociedad civil emergente, son parte de una juventud en resistencia despojada de los malos hábitos de la Revolución. Muchos de ellos, desde su propia estética discursiva,  trazan nuevos mapas emergentes  e intentan cambiar las reglas del juego; continúan con las alarmas activadas, alumbrando cenizas pues no dejan de decirle  las verdades al poder aunque este haga oídos sordos a sus demandas. Todos ellos son parte de una multitud que intenta fracturar los límites y como movimiento no dejan de generar sospecha pues dibujan la realidad quemante de la Cuba de hoy y apuestan por un nuevo país presidido por la ética de la libertad y la diversidad.

Y me gustaría terminar con una cita de una canción del cantautor cubano Carlos Varela, que dice: “Quizás mañana salga el sol y todo será distinto, lo triste será que entonces ya no seremos los mismos”. Pero yo persevero en el futuro.

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“Aulas Abiertas” es un programa de diálogo y capacitación que, desde el 2010, fortalece los principios de liderazgo democrático entre los activistas de la sociedad civil cubana.

aa.aulasabiertas@gmail.com

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