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La justicia en manos de personas injustas

Los sistemas judiciales están creados con el objetivo supremo de reeducar a las personas que cometen violaciones de los códigos de ética y de convivencia social en los diferentes Estados o gubernaturas.

Cuba señala, ante organizaciones internacionales de los derechos humanos, que posee un sistema penitenciario justo y educativo. Los reclusos están sometidos a un sistema educacional estricto, debido a que se considera que muchos de ellos han cometido delitos debido a su bajo nivel cultural.

Si los reclusos mantienen un buen comportamiento dentro de las prisiones, se les brinda la opción de terminar el último año de su sentencia bajo el sistema de prisión condicional, en el cual deben cumplir con una serie de condiciones. Para ello, se les asigna un juez de ejecución, quien se hace responsable de su conducta.

Sin embargo, las personas que han sido objeto del beneficio penal se encuentran, en ocasiones, con jueces inescrupulosos que entorpecen su inserción dentro de la sociedad. Ejemplo de ello es la sala penal del municipio La Lisa en Ciudad de la Habana.

Hablemos de un joven de 20 años que cumplimentó parte de su sanción en una prisión especial para enfermos de VIH/Sida. A este se le otorgó el beneficio penal y se le asignó un juez de ejecución en unión a una funcionaria del Ministerio de Trabajo y de la Seguridad Social de dicho municipio. Este debía, con su trabajo, reparar el daño ocasionado por lo que fue sancionado.

El joven fue ubicado en una empresa de la industria de vidrio. Por las condiciones de trabajo, sufrió serias consecuencias con su enfermedad y quedó inhabilitado laboralmente durante un periodo de tiempo. Esto ocasionó un cambio de la terapia retro viral que sigue y los directivos de la empresa tomaron la decisión de botarlo del trabajo. Aun inhabilitado por su enfermedad y sin el alta médica, fue reubicado en una casa de abuelos, donde tampoco fue bien acogido por la administración. Posteriormente. lo ubicaron como ayudante en una construcción. Ahí tampoco le fue bien.

Han transcurrido varios meses desde que se debió llevar a cabo su inserción laboral, pero las ofertas no son acordes para su situación de salud y las administraciones no desean hacerse responsables por su discapacidad. Por gestión propia, el joven decidió trabajar limpiando el piso en el Hospital Pediátrico de Centro Habana, en el horario nocturno.

El juez de ejecución debía haber verificado todo lo referente a este caso. Sin embargo, no lo hizo. Se tomó, en unión a la presidenta de la sala, la decisión de regresarlo a prisión. Este joven había mantenido un comportamiento con el deseo de reinsertarse a la sociedad y no regresar a un centro penitenciario.

Preguntémonos… ¿Somos justas las personas que poseemos la justicia en nuestras manos? ¿La aplicamos correctamente? ¿Realmente estamos reeducando a nuestros reclusos?

Casos como este ocurren en Cuba todos los días. Este juez debía haber sido sancionado y separado de su cargo. Un juez de ejecución debería ser una persona humana y un educador por excelencia.

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Director General del Proyecto Shui Tuix, coordinador nacional de la Plataforma Reflejos de Cuba y editor jefe de la revista independiente para temas LGBTI, Reflejos.

nfernandez@aulasabiertas.net

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