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Vida nueva - iamgen

¿Año nuevo, vida nueva?

Diciembre en vez de alegría, trajo para los cubanos la acostumbrada desesperación dada por la incertidumbre de no saber qué llevar a la mesa en las festividades. Lo que en el resto del mundo es motivo de innumerables celebraciones, en Cuba solo es una afirmación del profundo caos en el que está sumida la isla, luego de tantos años de dictadura.

En otros países la disyuntiva sería ¿qué cenar el día 31?, ¿cómo decorar la casa en navidad? o ¿qué vestir para recibir el año nuevo? Porque entre tantas posibilidades se hace difícil escoger. Las preguntas en Cuba se resumen simplemente a ¿qué comer? y no porque existan muchas opciones, por el contrario, estas son mínimas y se reducen aún más por la deplorable economía. Por otra parte, la ropa y las decoraciones son un lujo que muy pocos se pueden dar.

El pavo, el cerdo asado o el cabrito son algunos de los platos fuertes acostumbrados en las cenas navideñas, pero cada año se hace más difícil poder obtenerlos. El Estado, para la ocasión, no abastece los mercados con variedad de carnes frescas y a precios asequibles. En cambio, sus ofertas son en muy pocas cantidades y muchas veces en estado de putrefacción. Los costos son elevadísimos, por ejemplo, la libra de cerdo equivale a 17 CUP, casi lo que un trabajador cubano con salario medio obtiene en un día entero de trabajo. ¿Qué les queda a los ciudadanos? Comprar a los cuentapropistas, quienes proponen mejores y más diversos alimentos, pero a costos más altos (22 CUP x lb de cerdo), todo por la miseria humana que causan sistemas totalitarios como este. Cuando las personas buscan sobrevivir actúan con absoluta apatía ante las necesidades del prójimo.

No solo los banquetes de fines de año se ven frustrados hoy en Cuba, otras costumbres propias de esta fecha también han quedado en el olvido. Santa Claus ya no toca la puerta de ningún niño para dejarles su regalo de navidad. La falta de recursos impide que los padres alimenten las ilusiones de sus hijos, incluso mediante enormes sacrificios para brindar presentes a los pequeños. La magia de Papa Noel ya no significa nada para ellos. Ni siquiera los huevos de Pascua alegran a los infantes. Su significado, “la vida que germina al comienzo de la primavera”, es desconocido por todos. Y ¿cómo podría ser diferente? En un país donde la prioridad del Gobierno es proclamar su “omnipotencia”, sin cobertura para nada más, en una nación donde el mayor objetivo de todos los medios de difusión masiva, inclusive en diciembre, es brindar pleitesía al ya fallecido Fidel Castro, culpable absoluto del infortunio del pueblo cubano. Ante tal realidad, ¿puede quedar espacio para Santa Claus o los huevos de Pascua?

Las secuelas de la tiranía castrista no han sido solo económicas o políticas, han sido sociales y culturales. Lo que antes era considerado sagrado para los cubanos ahora pasó a ser secundario. El último mes del año con todas sus celebraciones no quedó exento de esta remoción. Ahora la prioridad no es vivir con todo lo que esto atañe, es solo sobrevivir, y la subsistencia no deja lugar a las nochebuenas. Como si no fueran suficientes las amargas experiencias del ciclo que termina, y la falta de expectativas para el próximo, los ciudadanos tienen que renunciar a sus tradiciones. Lo único que les resta es reunirse con la familia y esperar con esperanza que se cumpla el dicho: ¡año nuevo, vida nueva!

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Joven activista de Derechos Humanos y miembro del Frente Juvenil de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). En su organización se desempeña como tuitera y facilitadora de talleres. Ha participado de los talleres del Proyecto “Cuba Tweets Joven” que coordinó su organización. Además, ha recibido capacitaciones en temas como redacción de noticias, edición de prensa y estándares internacionales.

yadirasd01@gmail.com

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