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La economía cubana: un futuro incierto

La economía cubana se ha mantenido a flote. No existe otra manera de describir su actual supervivencia. Está aislada en una especie de domo controlado por membranas que te permiten el acceso al mundo. Estas membranas son más flexible o más rígidas dependiendo de los intereses de la alta dirección del país. Se trata de una parafernalia que mueve las políticas económicas a su antojo y conveniencia y vive como un parásito de la economía, la cual se sostiene en los hombros de la masa oprimida y trabajadora.

En las circunstancias actuales, en las que hay un auge tecnológico sin precedentes, donde las empresas están obligadas a innovar constantemente y las técnicas de dirección y gestión empresarial se adaptan a las nuevas condiciones, la excesiva centralización del Estado resulta obsoleta y contraproducente. Casi todos los países han desechado esta práctica por ineficaz, pues entorpece la coordinación y la toma de decisiones. Son lentas, pesadas y no responden a la velocidad que reclama el flujo de la comunicación. Esas viejas estructuras piramidales son herencia de otros tiempos. Asistimos (y cada día lo será con más fuerza) a la era del conocimiento y la información (algunos analistas pronostican que en este siglo los avances científico-técnicos crecerán 20 veces en relación con lo alcanzado en la anterior centuria). El auge alcanzado por la ciencia y la técnica durante el siglo pasado dio paso a la globalización, y ella, a un impresionante crecimiento de la competitividad. En tales condiciones, las técnicas de dirección y gestión empresarial del mundo cambiaron radicalmente buscando adaptarse a las nuevas exigencias. Hoy predominan otros conceptos e ideas. Las empresas, para sobrevivir y obtener progresos en el mercado actual –altamente competitivo– están obligadas a innovar constantemente. Ello no puede dilatarse un solo instante, de lo contrario, corren el riesgo de quedar rezagadas ante la celeridad y complejidad con que acontecen los descubrimientos científicos en casi todas las ramas de la economía.

Cuba ha de insertarse en la economía global y el mercado mundial capitalista. Ello supone apoyarse en tecnologías de punta y en un desarrollo intensivo; es decir, a partir de la eficiencia, ofertando productos y servicios competitivos por su calidad y precios. Lo expuesto no es posible accediendo solo a capital y tecnología. Será necesario, para ellos, garantizar una autonomía empresarial, capaz de desencadenar una dinámica que facilite la innovación constante, motive a los trabajadores y promueva su participación real y efectiva en la gestión económica. Es importante eliminar el pensamiento de una economía estatal predominante y aumentar la creación de espacios para la gestión no estatal, sin que ello signifique una merced o concesión, sino un paso necesario en el futuro económico del país. Se debe mantener la introducción de nuevas formas de propiedad y gestión, la negociación y creación de empresas mixtas con capital extranjero, el incremento de los trabajadores por cuenta propia, el fortalecimiento de las cooperativas agropecuarias y fomentar las no agropecuarias. Estos cambios serán la oportunidad para potenciar la influencia de actores y condiciones que servirán de sostén y de aliados a quienes desean cambiar el futuro incierto de nuestro país.

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Ingeniero en Informática. Director de Planeamiento Estratégico del Centro de Estudios para el Desarrollo Local (CEDEL) y director ejecutivo del Observatorio de Desarrollo de Procesos Económicos, Financieros y de Impacto Social en Cuba.

oscarleon@aulasabiertas.net

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