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Uranio empobrecido

Siempre ha sido enigma para el entendimiento aritmético del hombre común, para aquel individuo del montón que mueve las maquinarias de un país, la distancia entre sucesos simultáneos que suponemos por teoría con igualdad de alcance para todos los miembros de la sociedad; incluso con más derecho para ese sector social que con sus brazos imprime vigor decisivo a cualquier nación. Nos referimos al inmenso contraste entre los rones y licores exhibidos en la última feria comercial de La Habana y el ron de mala calidad que es vendido a los trabajadores azucareros. Precisamente, a aquellas personas que son las encargadas de producir la materia prima para la obtención de los alcoholes bases. Eslabón primario en la elaboración de las marcas superiores, que solo son consumidas por el obrero a través de las imágenes de la televisión.

En el círculo recreativo del central azucarero Mario Muñoz Monroy, en Los Arabos, Matanzas, se comercializa a los trabajadores un intento de ron marinado o licor celestial, que ya dura varios años, con más gusto a zanja podrida o a cachaza que la misma zanja. Por su bajo y enmascarado grado de alcohol, por su daño estomacal lento y progresivo –el individuo que ingiere dicha metralla debe estar al tanto de los suspiros fuertes por emociones y de eventos repentinos de tos y estornudos. Un descuido, una leve desconcentración y termina desechando el calzoncillo–, por el hedor que emana de la boca del consumidor la gente lo ha bautizado con la etiqueta “uranio empobrecido”. Según cuentan algunos sindicalizados ni en los días de chequeos de emulación y otros eventos proletarios aparece algo mejor; siendo ellos los que más se lo merecen.

Es cierto que el uranio empobrecido solo vale 15 pesos MN (Moneda Nacional) y que el otro, vendido en los establecimientos estatales, cuesta 25. Pero esta diferencia de 10 pesos son 10 pesos de sufrimientos y de varias docenas de calzoncillos desechados. Por comentario de los tertulianos y beodos de la instalación azucarera, pesquisas previas para la elaboración de este trabajo, todavía nadie sabe cómo las autoridades de salud pública no han tomado cartas en el asunto. Nos imaginamos un producto no apto para la masa trabajadora. Un renglón que mejore en calidad y que a la vez conserve su precio de 15 pesos. Nunca estaremos de acuerdo con que un producto que bien pudiera ser considerado desecho industrial sea desechado en el estómago de los trabajadores; como si la anatomía azucarera fuera reservorio para proteger el medio ambiente, según comentarios de algunos obreros en el lugar de las libaciones.

El viernes 3 de octubre del 2017 con medallas y fanfarrias a la calidad cerró sus puertas la feria comercial de La Habana. No sería mala idea que, en el próximo evento, a petición de los obreros in situ en el círculo recreativo arabense –el pueblo habla–, en uno de sus vistosos anaqueles expositores estuviera presente el uranio empobrecido. La bebida que toman los trabajadores que dan origen a la amplia gama de exquisitos rones cubanos. Así, de esa manera, como la tierra tiene de ríos y mares que no se pueden esconder, el uranio empobrecido, no precisa de la televisión: pudiera devenir muestra de la verdadera Cuba por dentro, en el mismo anaquel donde hace unos días se pavoneaba el Havana Club más caro del mundo. Algo parecido al asunto de los sucesos simultáneos y la igualdad de condiciones distantes.

 

circulorecreativoarabense

Círculo recreativo arabense, perteneciente a la industria
azucarera local, donde se vende a los trabajadores el
Uranio empobrecido

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Ingeniero y profesor universitario de Física Teórica y escritor. Escribe comentarios, crónicas, editoriales y artículos de opinión que reflejan la situación de Cuba.

asanchez@aulasabiertas.net

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