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En busca de una cultura ecológica

Hoy se habla sobre la crisis ecológica que amenaza al planeta. Hace unos treinta años el término “ecología” solo lo conocía un reducido grupo de especialistas. En la actualidad, se generaliza el criterio de que nuestra morada es la tierra y que, para cuidarla, no basta con que cada nación vele por el buen estado de su medio ambiente.

Quizás el discurso ecológico sea en estos momentos el más universal, porque su objetivo interesa a todos: el destino colectivo no ya de un sistema de vida, sino del propio planeta. Si en 1972 el gran lema de la Reunión de Estocolmo fue el de “un solo planeta”, hoy podríamos hablar de “un solo cosmos”.

El término ecología fue creado en 1869 por el biólogo alemán Ernest Haeckel, gran admirador y colaborador de Charles Darwin. El término se creó tomando en cuenta que los seres vivos no habían caído de las nubes, sino que conformaban una gran cadena de relaciones tanto con los seres vivos como con los no vivos.

La esencia de la ecología es el juego de las relaciones. Vivimos de materiales, comemos, nos vestimos, contemplamos el cielo y las estrellas. Todo es un conjunto de relaciones que pasa por nosotros, de las cuales recibimos influencias y a las cuales influimos. Estamos en medio de esa inmensa trama que constituye el destino concreto de nuestra existencia.

Por eso el holismo también está asociado a la “Ecología”. Este término, creado en los años 60 del siglo XX, se deriva de la palabra griega “holos”, que significa totalidad. El holismo es una perspectiva de convergencia que intenta considerar a la realidad como un todo. Por tanto, se refiere más a la síntesis que al análisis; más a la totalidad de las cosas que a sus partes.

La primera afirmación del holismo es que el Universo es un todo, trátese del planeta Tierra, el Sistema Solar o nuestra galaxia. El Universo forma un todo que los griegos de la antigüedad clásica denominaron cosmos.

Necesitamos desarrollar una nueva conciencia que no invalide nuestras luchas libertarias actuales, sino que las enriquezca con esta nueva dimensión, que también es política. El ser humano forma parte de esa totalidad que es nuestro Universo.

Todos somos parte de una generalidad que es mayor que nosotros, en la que estamos insertados y de la que dependemos: el aire, los alimentos, el agua, el suelo, etc.  Tenemos derecho a utilizar esos bienes, pero los animales y las rocas que nos rodean también los tienen. Aceptar esto incluye tener respeto por la naturaleza y entender que esta posee una legislación más avanzada que la nuestra.

Todo lo que existe y coexiste, preexiste: viene de antes. Por ello, hay que aprender a diferenciar entre el tiempo biológico y el tecnológico. Por ejemplo, para que un pino alcance su máximo desarrollo se necesitan entre treinta y cuarenta años (ese el  tiempo de la naturaleza), pero para derribarlo con una sierra eléctrica basta con un minuto y medio (ese el tiempo tecnológico que hay que evitar).

¿Qué tiene que ver la ecología con nuestra lucha por la libertad de Cuba? Tiene que ver, puesto que sin ecosistemas sanos y viables no habrá ningún tipo de futuro.

Las dictaduras positivistas y marxistas desarrollan matrices económicas extractivistas y desarrollistas que destruyen la naturaleza. Tratar de lograr la totalidad y mantener el juego de las relaciones en esa lucha es pensar ecológicamente.

Se requiere de otra perspectiva, otro sentimiento de convivencia y de confraternidad con la naturaleza que no permite el régimen. Entonces, ¿quién es el bárbaro y quién el civilizado? Bárbaros somos nosotros, que agredimos a la naturaleza y pretendemos someterla.

Ha llegado el momento de hacer un balance para ver lo que es posible salvar y así rectificar nuestro camino, para generar una cultura ecológica en la conciencia colectiva, un nivel de conciencia tal que se traduzca en actitudes, que son las que pueden cambiar la realidad.

¿Qué actitudes debemos desarrollar?, ¿qué tipo de lectura del mundo y de nuestra sufrida isla debemos incorporar a nuestra cotidianidad para no continuar siendo los depredadores de Cuba? La naturaleza, con su grito de alarma, nos está imponiendo un cambio.

Tal vez el imperativo fundamental de nuestros días sea escuchar a nuestra conciencia, a nuestros corazones, a la naturaleza, a las estrellas y al cosmos.

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Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana con máster en Ciencias de Ecología y Sistemática Aplicada por el Instituto de Ecología y Sistemática de Cuba. Ha trabajado como director del Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus, Jefe del Área de Investigación Cultural Dirección Provincial de Cultura de Sancti Spíritus, profesor universitario con la categoría de Auxiliar. Obtuvo Premio en Divulgación Científica en los Concursos Nacionales Pinos Nuevos 1999, La Edad de Oro 2001, La Rosa Blanca 2002 y 2006, y La puerta de papel 2008; y Sendero de Luz 2009, 2010 y 2015, de la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena por haber sido el escritor más leído en 2008, 2009 y 2014.

ahernandez@aulasabiertas.net

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