HomeAulas AbiertasArtículoNi luces, ni magia, ni sueños en Navidad
Ni luces, ni magia ni sueños en navidad - imagen

Ni luces, ni magia, ni sueños en Navidad

Pinceladas de amor, armonía familiar, recuerdos y festividades trae para todo el mundo el mes de diciembre, como parte de un evento marcado en la tradición de una creencia religiosa y las páginas de un nuevo almanaque.

En enero de 1959 se transformaba la vida de cada uno de los cubanos, se apagaban las luces que alegraban los salones del hogar, se perdía la magia de una infancia ingenua y encantadora, y mucho más, se perdían los sueños, la añorada navidad, las cenas en familia, los dulces y los vinos. Se comenzaba a vivir la represión hacia una creencia católica seguida en todo el mundo. No obstante, en Cuba llegaba la era de Fidel Castro, comandante en jefe de la tiranía, tal parece que comenzaban los tiempos del dios Hades, el señor del inframundo.

La Navidad, es una de las festividades más importantes del cristianismo, junto con la Pascua de resurrección y Pentecostés. Esta solemnidad, que conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén, se celebra el 25 de diciembre en la iglesia católica, anglicana, ortodoxa rumana y en algunas comunidades protestantes.

Los angloparlantes utilizan el término Christmas, cuyo significado es “misa de Cristo”. En algunas lenguas germánicas, como el alemán, la fiesta se denomina Weihnachten, que significa “noche de bendición”. Las fiestas de la Navidad se proponen, como su nombre indica, celebrar la Natividad (es decir, el nacimiento) de Jesús de Nazaret.

El mundo celebrando y los cubanos perseguidos por el derecho de la fe y la religión.  Iglesias clausuradas, misas suspendidas, rezos y oraciones desde casa. El castrismo promocionaba la patraña de que las religiones apoyaban al gobierno de los Estados Unidos y al terrorismo e iniciaba el seguimiento a las iglesias, religiosos, pastores, obispos, limitaba donaciones a creyentes desde el exterior y la construcción de nuevos templos. Al fortalecerse el comunismo castrista, aumentaban los actos de violencia, represión, restricciones para los creyentes, católicos o no.  Y se iniciaban las transformaciones sociales donde moría cada día la hermosa tradición de una navidad celebrando el nacimiento de Cristo, por la imposición de adorar a mártires dictadores y seguir fechas enloquecidas como el 26 de julio, el día de la Rebeldía Nacional que conmemora el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba para derrocar al dictador Fulgencio Batista, y el 1 de enero, victoria de la Revolución Cubana frente al ejército del dictador Batista.

En Cuba se apagaban las luces, esa que nos alegra, aunque el cielo este gris. Se perdía la magia de la inocencia, esa que nos hace ver el mundo más hermoso, aunque estemos llenos de pobreza y algo mucho peor, se despedazan los sueños de los que buscaban una época mejor, prospera y libre. El castrismo envenenado de poder, manipulación y explotación hacía de toda Cuba, un ejército de esclavos obligados a servir a su amo o morir por el dolor del látigo.

Los años han pasado, junto con ellos el mar de lágrimas de los que sufrieron de cerca la crueldad más negra, muertes y víctimas. El despertar del que se dejó engañar y vio que el centralismo, no es democracia y ahora se arrepiente de los años perdidos. El que oyó aquel líder hablar de igualdad, de desarrollo, de moral y de principios, y ve a sus gobernantes cada día más empoderados, ricos, lujosos, corruptos, y la sociedad más pobre, reprimida y limitada.

Hoy no le ha quedado otra solución al régimen que abrir algunas puertas, o dar algunas libertades que siempre por derecho nos correspondía. Los cubanos que tienen la posibilidad de viajar, el turismo y el internet, dejan que fluya otra vez el viento de una navidad desde casa o en la iglesia, que vuelvan en enero los Reyes Magos que desaparecieron de la mente y la infancia tierna de nuestros niños,  para dejar un regalo, aunque sea muy pobre, debajo de la cama y al amanecer sorprender a ese bebé con la fantasía de que fueron los Reyes Magos los que le dejaron ese detalle después de cabalgar tanto tiempo y descansar en la noche en ese hogar.

Mucho hemos perdido, pero solo nosotros mismos podemos recuperar día tras día, lo que se nos quitó sin derecho alguno. No seamos cómplices de una tiranía que no puede durar más tiempo, porque los verdugos mueren y los que nacen en Cuba merecen una sociedad libre.

Rate This Article

Joven de Holguín, vice coordinador nacional del Centro Esperanza, organización defensora de la comunidad LGTBI y personas con el VIH. Actualmente es coordinador general de la Revista Palabras Abiertas. Participó de cursos de liderazgo de la sociedad civil cubana en Trinidad y Tobago, Barbados y EE. UU.

juanmiguelfernandez@aulasabiertas.net

No Comments

Leave A Comment