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Google y la vigilancia del Comité de Defensa de la Revolución (CDR)

Ignacio Ramonet, catedrático y periodista español residente en Francia, anda por Cuba alertando sobre Google, Facebook y las redes sociales: que si se apropian de nuestra información privada, que si nos estudian las preferencias culturales, que si tienen una enorme base de datos con nuestras posturas políticas, que si se inmiscuyen en nuestra intimidad. No obstante, mucho antes que Google existiera, ya la vigilancia del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) sabía y, eventualmente informaba, a qué hora yo llegaba a casa, qué libros leía sentado en mi balcón, cuántas camisas mi madre tendía al sol, y cuántas novias o amigas iban a visitarme.

De modo que Ramonet no me está alertando sobre nada que no supiera, y que no experimentara casi desde que era nonato. No me preocupa en absoluto que Google sepa que me gusta el rock sinfónico, tengo un perro dálmata, soy ateo y respeto todas las creencias. No me preocupa que Google sepa que no me gusta que cualquiera puede portar un arma de fuego, ni que en la ciudad donde vivo cualquiera pueda quemar un perro en plena calle sin consecuencias jurídicas. No me preocupa que Google o Yahoo sepan el nombre de la mujer que amo, los éxitos o fracasos de mi hija, mis sueños y memoria.

El problema de los vigilantes de antes es que ahora, con la tecnología, también son vigilados. El problema para el que antes decidía qué música podían escuchar los jóvenes, es que -a partir del relajo que aquellos formaron con aquello de “El que no brinque es Yanqui”, y un bafle con música y una arenga en cualquier esquina que se les ocurriera -ahora cualquier joven puede andar con su propia tribuna a cuestas -en forma de audífono o bocina portátil-, e imponer su música del mismo modo en que un profesor le impone una respuesta en la clase de Cultura Política.

El desarrollo tecnológico, con todo y lo que sufra Ramonet, nos está haciendo iguales en términos comunicativos; nos está permitiendo mostrarnos como somos y, a la vez, evaluar al resto del mundo como verdaderamente es, sin la mediación de una plataforma programática ni un “illuminati” partidero que pretenda pensar por uno. Y si a pesar de eso, nuestros jóvenes siguen siendo honrados, solidarios, respetuosos, honestos, transformadores en pos del bienestar social, críticos, sacrificados, justicieros.

Si a pesar de que cada día es menos posible esconder lo que somos como sociedad ni evitar ver la realidad de otras sociedades, nuestros jóvenes siguen siendo íntegros seres humanos, entonces la revolución, ciertamente, habrá sido buena para Cuba. Pero si sucediera lo contrario, si sucediera que pasáramos a ser siervos ideo-políticos y culturales, entonces la revolución, habrá sido el peor de los fracasos.

 

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Editor y columnista. Fue expulsado de la Radio Cubana por sus columnas de crítica sociocultural en la emisora Radio Granma. En el 2010 publicó “El casi libro del inconforme. Retazos de la censura” que en el 2014 fue retirado de las librerías de Cuba. A raíz de la muerte de Fidel Castro, fue expulsado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por no alinearse públicamente al oficialismo.

grodriguez@aulasabiertas.net

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