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Todos somos cubanos

Sugerente resulta ser el título de mi primer artículo en ésta, mi segunda temporada de bloguero de Aulas Abiertas; pero ¿a qué me refiero en sí? En Cuba, existen hoy diversidad de personas que abogamos por necesarios cambios en nuestro país; unos son más radicales, otros no tan así. Los primeros demandan un cambio político extremo, acompañado de reformas constitucionales; en tanto, los segundos abogamos por las reformas sociales que mejoren la calidad de vida del ciudadano. Sin embargo, el gobierno no reconoce esta diferencia y nos cataloga a todos de la misma manera; para ellos todos somos “Contrarrevolucionarios”. En esto consiste mi reflexión; por ello hablo del saco de la injusticia, porque ahí nos meten a todos.

Si hacemos un poco de reflexión y de alguna manera llegamos a ser empáticos con los injustos, que no quiere decir que estemos de acuerdo con sus acciones, podemos percatarnos de la lógica de su argumento. El gobierno cubano considera como amenaza cualquier acción que ponga en riesgo la continuidad del ideario utópico de socialismo, en pleno siglo XXI. Es de esta manera que justifican como ilegal, o como inconveniente las pronunciaciones que se realicen por sus ciudadanos. Deja de reconocer la existencia de personas como nosotros, que somos gente proactiva y que lucha por concretar justicias sociales en su país. En su lugar, confecciona discretamente campañas mediáticas con los medios de prensa que controlan y tienen a su disposición, con el objetivo de desacreditarnos como ciudadanos, obviando nuestras opiniones y considerándolas como poco serias.  Lo que se plantea lo podemos ver a diario en la isla. No se respeta la libertad de expresión de los ciudadanos, ni se aceptan proyectos sociales dirigidos a proponer mejorías en la población; a no ser aquellas iniciativas que vanaglorien las acciones gubernamentales y defiendan la postura ideo-política de los dirigentes socio-comunistas, lo que demuestra una falta de madurez y un acto de total insensatez en la clase que está en el poder de la nación.

Mucho menos permiten pronunciamientos o conversaciones con la gente radical de la oposición cubana, la cual no llegan siquiera a alcanzar el rango legal de oposición; en su lugar se habla de términos como: gusanos, vende patrias, traidores, contrarrevolucionarios. Pero resulta ser que con esas mismas terminologías se califican a otras personas que estamos luchando por ver una sociedad cubana más próspera; que no nos interesa tanto el tema de la política que se realice, o el gobernante tal o más cual que gobierne, siempre y cuando se privilegie y se ponga en el lugar que se merece al ciudadano cubano común, y con ello se tomen en cuenta sus derechos más universales. Es por tal razón que estoy en desacuerdo con las medidas que se tomen en contra de cada cubano que se pronuncie en pro de la búsqueda de su sueño, y me opongo a que no se le escuche y se le considera un don nadie. Todos somos cubanos y estamos en el deber y en la obligación de pronunciarnos tal cual pensamos en cada espacio público, radial, televisivo, etc., y de ser coherentes con nuestras concepciones.

Si se pensara de esta manera se estaría en grandes condiciones de verse a cada cual como un patriota; cada cual, con un modo distinto de hacer por su país, pero al final orgullosos de estar luchando por él. Es injusto pensar en la existencia de cubanos buenos y cubanos malos; sería mejor pensar que todos amamos Cuba y que tenemos distintas posturas para defenderla y para aspirar a su perfeccionamiento. Reflexionemos.

 

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Licenciado en Psicología General. Egresado de la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba en 2014. Joven de Granma, miembro de Juventud Activa Cuba Unida (Jacu), pertenece al equipo de formadores y en la organización es responsable de investigación.

ivanrene41287@gmail.com

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