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¿Bloqueo económico?

Nunca ha sido bueno que recién levantado de la cama, antes de enderezar el día en la cabeza, antes de ponerlo recto en el pensamiento para comenzar con la secuencia de las horas –que si las nueve de la mañana no va primero que las siete–, en pleno amanecer, sin el cepillo haber visto la boca, con un párpado aquí y el otro en Hong Kong, abrir la jornada con la tragedia humana. Un campesino tocaba a mi puerta. El rostro del individuo todo descompuesto. Aparentaba un apremio nervioso como si fuera inminente –asunto de pocos segundos– el choque entre dos galaxias. Y yo, sin todavía haberme lavado la boca.

-Buen día… siéntese… siéntese.

El hombre, ni se quitó el sombrero; tampoco respondió al saludo. Yo no había terminado de pronunciar el primer “siéntese” y ya estaba sentado.

-Bueno, usted dirá que lo trae por acá.

 “Vengo a denunciar una injusticia. Yo estoy muy mal… perdí la cosecha de arroz, 2 toneladas… me la dejaron perder. Ayer perdí el control y por poco le arranco la cabeza de un machetazo al representante de la empresa Arroz Popular. A mí me pagan el arroz que perdí o yo mato a un desgraciao de esos. Esto no se va a quedar así.

-Primero que todo es necesario que se calme.

Sentí la necesidad urgente de interrumpirlo. ¡Ay mi madre!, ahora sí que no puedo dejarlo aquí para ir a lavarme la boca. Creo, sin yo percibirlo a plenitud, aquel hombre en tampoco tiempo me había trasmitido una porción de su estado de ánimo. Aunque, no sé por cual razón del universo o de los hombres, un temblor frío recorrió mi cuerpo. Hubo un instante en que sentí el filo del machete en mi nuca.

-Continúe… ¡ah!, por favor, cuál es su nombre. 

“Jorge Chávez Rodríguez y tengo un pedazo de tierra, herencia de mi abuelo. Esa tierra la tengo asociada a la CCS (Cooperativa de Crédito y Servicio) Niceto Pérez. Para no hacerle el cuento muy largo, a través de la cooperativa tengo 2 hectáreas de tierra contratada con la empresa Arroz Popular, esa empresa que radica en el poblado Amarillas, con el compromiso de entregar cada año 7.6 toneladas de arroz”.

-¿Y qué sucedió… usted no cumplió?

El campesino arrugó el ceño y me miró como si estuviera afilando el machete. Después respiró profundo. En ese instante pareció cerciorarse de que yo no era el responsable de su desgracia; que solo se trataba de unas palabras fuera de boca, aún sin lavar, por descuido mío. Continuó:

“Dos días antes del huracán Irma yo había entregado, el 7 de septiembre, 6.55 toneladas de las 7.6 contratadas. Me faltaba una bobería. No pude completo porque el ciclón me llevó recio, pero después redoblé esfuerzo para cumplir; hasta busqué gente para que me ayudaran, corriendo yo con los gastos. Yo sé que el arroz hace falta para la alimentación del pueblo, más ahora que pasó el ciclón. Y pa romper el bloqueo, como dice el presidente de mi cooperativa.

“Ya el 27 de octubre yo estaba listo para cumplir. Aprovechando que la máquina cortadora cumplía compromisos en otra cooperativa, la Jesús Mondejar, cerca de mi finca, pedí de nuevo que viniera. Pero usted sabe qué pasó: cuando terminaron en la cooperativa de al lado empezaron a cortar el arroz de los guajiros particulares que no tenían contratos. Todo esto, por dinero en abundancia para el representante de la máquina y para el operador. ¿Dígame usted si eso no es corrupción y en una empresa del estado?

“Yo pensé que era asunto de unos días. ¡Pero qué va! Bordearon mi finca varias veces y los días pasaban. Mientras más yo protestaba menos casos me hacían. Hasta que el 9 de noviembre, después de 15 días de presencia de la máquina en el lugar, circundando como se dice y evadiendo la palabra empeñada bajo contrato, después de 15 largos días de desesperación, ya todo el grano estaba en el piso. Ya todo estaba perdido. Perdí el petróleo que utilicé, la semilla, el fertilizante, la cosecha, el dinero que pague a los jóvenes desempleados del pueblo para que me ayudaran al recuperarme del ciclón y perdí mi trabajo de tantos meses. Y ahora nadie quiere hacerse responsable”.

-Usted perdone, pero creo…, es mi opinión, que antes de cortarle la cabeza a alguien usted debe acudir a las instituciones.

“¡Pero ya lo hice! El presidente de mi cooperativa, Aguerreveres, hasta se alteró en lugar de defenderme. Me amenazó con no hacerme más contrato con Arroz Popular por tanta protestadera. Yo soy guajiro, pero no quiero pensar en lo malo. O cuanta gente hay metida en el lio de cobrarles dinero a los particulares, porque el hombre se puso como una fiera. Lo mismo me paso con Juan Carlos Chávez, el delegado municipal de la agricultura. Usted sabe lo que me dijo cuando le dije que estaban cortando por dinero y fuera de contrato, violando lo establecido: “Tú sabes cómo funciona esto”, dando a entender que tenía conocimiento de lo que estaba sucediendo; o que era partícipe del entramado este de corrupción. No sé si usted me entiende… Lo perdí todo. Ya no tengo a dónde ir”.

-Pero vino aquí…

Me interrumpió poniéndose de pie de forma violenta. Echaba chispa por los ojos. El asiento crujió. Temí por una de las patas de la silla. En la calle un vendedor o comprador ambulante repetía el estribillo “se compra cualquier pedacito de oro”. Yo esperaba lo peor.

El campesino se quitó el sombrero por primera vez. Yo percibí una señal de humildad. Apretaba y giraba repetitivamente el ala del sombrero como seleccionando las palabras. Finalmente dijo:

“Yo no tengo problemas con la revolución, estoy integrado. Se han dejado botada en el campo 2 toneladas de arroz. Tengo 54 años y parecen 80. Ya estuve infartado una vez. Y en estos 15 días esperando por la máquina he estado dos veces ingresado por picos de presión arterial. Es una política de trabajo que destruye a la gente. Yo no aguanto más, me voy de la cooperativa. Estoy desilusionado con seguir trabajando la tierra. Pero… la gente se da cuenta. ¿Y…, el bloqueo dónde está?, en todo esto”.

La gente de pueblo te enseña. Son sus aciertos y desaciertos. Han pasado más de dos mil años y es lo mismo que está en la Biblia. Es el mismo hombre y su tragedia humana acuestas, inseparable.

Parece que esta visita va a resultar uno de los imprevistos de esta jornada que recién comienza. Y yo, todavía con el cepillo en la mano. Pero valió la pena este sabor agridulce que persiste en mi boca; quién niega, que también Los Arabos, bien vale una misa.

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Ingeniero y profesor universitario de Física Teórica y escritor. Escribe comentarios, crónicas, editoriales y artículos de opinión que reflejan la situación de Cuba.

asanchez@aulasabiertas.net

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