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Ni siquiera el término participación ciudadana es común en Cuba

En Cuba el tema de la participación ciudadana ha sido como tantos otros censurado por el régimen. En ninguna escuela cubana se mencionan los términos referéndum o revocatoria de autoridades. El gobierno dictatorial ha evitado a toda costa que las armas del conocimiento lleguen a las manos del pueblo y puedan ser usadas en su contra. Claro está, que, si este fuera el caso, y todos los ciudadanos aprendieran y se valieran de los mecanismos de participación para ejercer su derecho de incidir en la toma de decisiones públicas, los Castro no hubiesen estado en el poder desde 1959 hasta hoy, ni existiera un solo partido.

La situación en Venezuela ha sido entre otras cosas, motivo de discusión para los cubanos. El revocatorio contra el dictador Nicolás Maduro, aunque no se efectuó en fin, sembró muchas dudas entre los ciudadanos, ¿Cómo el pueblo puede desautorizar al presidente?, ¿demandar la mala gestión del gobierno? No entendían como los venezolanos tenían la cobertura constitucional de recoger firmas (25% de los electores de un distrito, provincia o departamento) y remover a Maduro de su cargo, pues en Cuba esto no funciona ni remotamente así, en Cuba el gobierno no se puede cuestionar, ni mucho menos destituir.

El término rendición de cuentas es el único que tal vez, no resulte tan extraño para los cubanos, pues el Estado ha querido utilizar este en particular para hacer creer al pueblo que “tiene voz y que sus opiniones cuentan”, pero ¿en qué consisten las llamadas “Asambleas de Rendición de Cuentas del delegado a sus electores en Cuba? Estas reuniones no son en lo absoluto para pedir cuentas al representante público sobre la ejecución presupuestal o el uso de recursos propios que es para lo que se utiliza este mecanismo en naciones libres y democráticas, es únicamente para que los vecinos de la comunidad “expongan los problemas que los afectan en su entorno”, pero claramente estos problemas se resumen por ejemplo; a la malas condiciones de las vías o el largo ciclo del agua, nadie puede manifestar desacuerdo con la “revolución”, esto no está en tela de discusión, pero lo curioso es que ni siquiera las quejas que son planteadas se resuelven, es muy común que la misma problemática sea planteada en varias asambleas y que lejos de erradicarse se agrave.

Muchos disidentes tuvimos la posibilidad de participar en el proyecto Varela ideado y dirigido por Oswaldo Paya en 1998. Este proyecto se difundió basado en el artículo 88 (g) de la constitución cubana de 1976, que permitía a los ciudadanos proponer leyes si 10.000 electores registrados presentan sus firmas a favor de la propuesta. En total se entregaron 24 000 firmas, pero el gobierno cubano evadió estos resultados, próximamente el dictador fallecido arbitrariamente proclamó el “carácter irreversible de la Revolución”.

En Cuba todos hemos sido víctimas de nuestras propias leyes. En países como Estados Unidos o muchos de Europa como Suiza y Holanda las constituciones son muy permisivas con excepción de algunas leyes que prohíben ciertas cosas. En Cuba la Carta Magna lo prohíbe casi todo menos ciertas cosas que son obligatorias. Esta rigidez causa que sean muy comunes los actos delictivos y la transgresión de las normas, es por eso también, que el número de la población penal es considerable, y que en muchísimos casos, nos encontramos a un buen padre de familia, condenado a varios años de prisión por receptación o malversación, ambos delitos imposibles de desligar de la vida de cualquier cubano, incluyendo la del juez que dictó sentencia, ese que también adquiere en “bolsa negra” por ejemplo, la leche para alimentar a sus hijos, porque su salario no permite comprar este y otros productos en tiendas de divisas.

Este caos se erradicará o por lo menos redujera, si la auténtica sociedad civil pudiera mediante un referéndum pronunciarse en contra de un proyecto de ley que consideran beneficioso para la ciudadanía o de la reforma total o parcial de la Constitución. Pero esto solo es utopía, por lo menos en el aquí y ahora, lo real es que los cubanos desconocen que es legal o ilegal, porque las leyes nacionales son cambiadas con frecuencia y estas transformaciones nunca los benefician.

Cuantos beneficios tuviera para los cubanos el ejercicio pleno de la participación ciudadana, nos hubiésemos ahorrado las pésimas políticas del gobierno y los perjuicios que estas han causado para todos, incluso, hubiésemos podido elegir democráticamente representantes legítimos que velaran por los intereses del pueblo y no por los suyos propios, pero de seguro no estuviéramos viviendo en la involución y la miseria en que vivimos, estuviéramos luchando por mejorar, y no tratando de cambiar de la dictadura a la democracia.

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Joven activista de Derechos Humanos y miembro del Frente Juvenil de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). En su organización se desempeña como tuitera y facilitadora de talleres. Ha participado de los talleres del Proyecto “Cuba Tweets Joven” que coordinó su organización. Además, ha recibido capacitaciones en temas como redacción de noticias, edición de prensa y estándares internacionales.

yadirasd01@gmail.com

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