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Tan cerca, tan lejos

La guerra nace en la mente de los hombres y es ahí donde deben erigirse los baluartes de la paz. (Declaración de la Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). La paz implica entendimiento, aceptación, flexibilidad y dejar atrás estigmas del pasado que no se corresponden con el presente, ni con el futuro.

Muchas veces me preguntan sobre las relaciones Estados Unidos – Cuba y siempre me pienso qué es lo que realmente les preocupa. Quieren saber sobre el pueblo o es pura curiosidad por ver quién resultará ganador en la guerra de antaño que se ha vivido.

Si bien es necesaria la participación y entendimiento de ambos gobiernos, la relación de estos países va mucho más allá de la política exterior. Desde mi perspectiva pienso que se trata de colocar en primer plano de pensamiento a las relaciones entre cubanos y norteamericanos y dejar al lado los asuntos del pasado que lo único que hacen es frenar el progreso.

Hay que recordar que el progreso económico real en Cuba llegó a través de los norteamericanos, aún muchos de los carros que circulan por nuestras calles son americanos y que muchas de las grandes estructuras que hacen de La Habana hoy ciudad maravilla fueron construidas en aquella época de conjunto entre ingenieros cubanos y empresas norteamericanas.

Estos dos pueblos llegaron a conocerse tan bien que llegó a existir una genuina afinidad entre ambas culturas. La música cubana hizo bailar generaciones de norteamericanos. Escritores como Hemingway y Martí aún hoy cuentan con espacios de obligada visita en estos países que una vez fueron hermanos. Cubanos y norteamericanos disfrutaban visitarse y hoy aún lo añoran.

Esta añoranza se ve hoy en el vestuario de los cubanos, en canciones que expresan la necesidad de la integración, en el consumo compulsivo de los programas que llegan por vías alternas, en la migración, en los adornos que se han comenzado a usar en los carros, en la necesidad de intercambiar con personas que vienen de visita y sobre todo volver como una moda colocarles a los hijos nombres compuestos donde uno es americano y otro de origen español.

El presidente Obama hizo historia en Cuba, dio el primer paso para que tanto cubanos como norteamericanos pudieran convivir con normalidad y por primera vez ocurrió algo que parecía imposible, el gobierno cubano dio el sí a la negociación con el históricamente temido imperio.

Es imprescindible poner sobre la mesa los temas que nos separan, bordear los temas sensibles solo le dan largo a la solución del problema. Tampoco creo que arremeter violentamente contra el otro sea una opción inteligente, pues toda acción genera una reacción y una reacción negativa por parte del gobierno cubano deja el país más inmóvil que nunca y fortalece el discurso de resistencia de las élites, donde se sataniza a los norteamericanos y se victimiza al pueblo cubano.

Esta guerra sin fusil debe cesar. No importa quién gane o pierda históricamente hablando, lo que importa son los pueblos. Nos unen más cosas de las que nos separan, hay que recordar que la paz solo es posible cuando se comienza por eliminar la guerra que nos impone nuestras mentes.

 

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Joven de Sancti Spíritus. Directora de Programas y Proyectos del Centro de Estudios para el Desarrollo Local. A.C. Egresada de la Universidad de Ciencias Informáticas como Ingeniero en Informática.

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