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El gran monopolio - I Parte

El gran monopolio: Parte I

Para los cubanos dentro de la isla, y para muchos que viven en otras naciones, son harto conocidas las siglas Etecsa (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba – Sociedad Anónima), que enmascara el más grande monopolio del país. Esta organización surgió a partir de la extinta Compañía Cubana de Teléfonos y la inyección de capital extranjero producto de la apertura a la inversión foránea de los años 90 del pasado siglo. Ha logrado posicionarse como una de las corporaciones más rentables de Cuba. Brinda servicios de telefonía fija y móvil, acceso a intranet, internet y redes en general a las personas naturales y jurídicas en todo el país. Es poseedora de la infraestructura necesaria para cumplir con estos fines de manera exclusiva.

Hasta hace apenas seis años el acceso a internet para los cubanos era exclusivo. Unos pocos privilegiados podían realizarlo en su centro de trabajo. Las conexiones estaban dedicadas a hoteles, embajadas, domicilios de firmas, entidades internacionales y algunos extranjeros residentes en el país.

Tener acceso a la red de redes era casi ilegal. Los dirigentes y sus acólitos lo denominaban por aquel: “diversionismo ideológico”. Si formabas parte de ese sistema, significaba que eras una persona con desviaciones muy serias y preocupantes de las ideas que el sistema político cubano quería que todos los cubanos compartieran.

Un ligero cambio en el status quo ocurrió al implantarse el servicio de correo electrónico nauta, con alcance internacional, al “liberar” el acceso a internet, y digo liberar entre comillas por el elevado coste del servicio. Con una tarifa de $5.00 CUC la hora de conexión, en un país con un salario promedio de $ 18.00 CUC mensuales, el precio era exorbitante, solo posible para un reducido grupo de privilegiados. Acceder a la conexión solo era posible en hoteles, lugares de interés turístico, y algunas salas de navegación de Etecsa en las ciudades más importantes. Luego rebajaron los costes poco a poco, hasta estabilizarse en $ 2.00 CUC la hora de conexión, que, si bien no era barato, permitía a la mayoría de las personas comunicarse con sus familiares en el exterior.

El monopolio de las comunicaciones en Cuba vio como se multiplicaban sus ganancias y decidió extender la cobertura de sus servicios de conectividad. Se crearon nuevas salas de navegación por todo el país, se establecieron en algunos parques zonas wifi para acceder a la red de redes. Finalmente, los cubanos, a gran pesar de nuestros bolsillos, probamos por vez primera lo que es navegar en internet. Pero, como siempre ocurre, la felicidad duró poco: la velocidad de conexión era mala, el ancho de banda no permitía realizar descargas de materiales, software, y, para colmo de males, muchas páginas estaban bloqueadas (sitios de noticias, diarios online y hasta páginas de universidades e instituciones internacionales).

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Joven de la plataforma Juventud Activa Cuba Unida (Jacu). Graduado de Licenciatura en Derecho en La Universidad de la Habana en el año 2014. Se vincula a las actividades de la sociedad civil cubana durante el transcurso de los estudios universitarios. Se desempeña como miembro de la Junta Directiva en el cargo de Director de Programa. Participó del Curso de Diseño de Proyectos y del IV Encuentro Nacionales de Bibliotecarios Independientes, organizados por la Sección de Intereses de los EEUU en La Habana.

pairol1586@live.com

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